VIVIR ‘A CIEN’

Este ojo me ha devuelto el norte. Esta nueva oportunidad la voy a vivir al cien por cien. (María de Villota, en rueda de prensa, 11 de octubre de 2012)

Las declaraciones de María de Villota, en las que comenta el desgraciado accidente sufrido el pasado mes de julio y se felicita por su milagrosa recuperación al tiempo que agradece el esfuerzo de quienes la han hecho posible, me llegan cuando circunstancias familiares me retienen en la sala de una unidad hospitalaria. Y he de reconocer, María, que tus declaraciones están cargadas de razón.

Es propio de la condición humana magnificar las propias carencias y minimizar lo que nos ha sido concedido. El relato de Calderón, en el que el sabio, que se lamentaba de no hallar otro sustento que la frugalidad de unas simples hierbas, encontraba consuelo al observar que las que él desechaba otro menos afortunado se aprestaba a recoger, sirve para ilustrar lo que decimos. Que, en palabras del genial dramaturgo, las vivencias que para algunos son calificadas de insufribles penas, serían bien recibidas por otro menos afortunado, y tenidas como apetecibles alegrías.

A todos nos vendría bien dejar de observarnos el ombligo por un momento y volver los ojos hacia donde se asientan  la pobreza, las carencias, la enfermedad y el dolor. No estaría de más hacer de este ejercicio una ineludible obligación. Al igual que la declaración de renta o el pago de impuestos, todo hijo de vecino -excepción hecha de quienes se ven golpeados por la mala fortuna y tienen ya bastante con la propia experiencia de su miseria-, debería pasar por la ineludible obligación de acercarse allá donde se sufren el dolor, la privación o el abandono.  Visitar un hospital unas horas cada mes; mejor aún, aprovechar ese tiempo  para prestar la colaboración personal y ofrecer así un voluntario servicio a la comunidad.

María, te honra la sinceridad para reconocer lo bien que te ha tratado la vida, a pesar de los malos momentos que sin duda habrán existido y de los que nadie queda libre. Hija de un prestigiado deportista,  con una buena familia y una esmerada educación, respetada y admirada por cuantos conocíamos tu dedicación y tus éxitos en la actividad que te apasionaba, tenías -quizás no lo apreciaste en su medida- la suerte a tu favor.

Cambió su rostro la fortuna, y un desgraciado accidente ha dado al traste con el que siempre fue tu sueño. Muy probablemente nunca podrás ponerte al volante de un fórmula uno y esforzarte en superar metas deportivas. Pero como claramente reconoces, la merma que tu cuerpo ha sufrido ha servido de alimento a tu espíritu. Has vuelto a nacer. Y es ahora, cuando descubres en tu propia carne la fragilidad de la vida, cuando te aprestas a vivirla ‘al cien por cien’.

Ojalá nos sirva tu testimonio para poner en su auténtico valor lo que la fortuna quiso darnos, aprender a tragarnos los lamentos, y ponernos en disposición de compartir cuanto somos y tenemos con quienes, menos afortunados -o posiblemente más, según se mire-, no vacilarían un momento en ocupar nuestro lugar.

El poema de hoy, una silva de metro clásico y  sentida palabra, ha de servir de aliento para quien, desnortado, pierde de vista el horizonte, o para quien, abrumado por la fatiga, no reconoce la fortuna que significa el solo hecho de vivir.

RECUERDA QUE ESTÁS VIVO

Cuando tiembla a tus pies

la tierra que creíste siempre firme;

cuando la suerte, esquiva,

te cierra los caminos;

cuando se tambalea

el mundo entero y temes por tu vida,

recuerda que te debes

a gentes que se apoyan en tu brazo,

y que tienes, por ellos,

un reto que vencer.

 

Tropezaste y caíste,

pero sigues en pie.

No aceptes la derrota; la caída

fue tan sólo un asalto

perdido en el combate.

Recuerda la promesa que te hiciste

y tienes que cumplir.

 

No es hora de tristezas ni lamentos.

Levántate y camina,

que quien tiene una vida por delante.

no se puede rendir,

Sal a buscar aquello que perdiste.

Es mucho lo que tienes.

Recuerda que estás vivo

y te espera la meta que soñaste.

Persíguela de nuevo

y piensa, si te invade el desaliento,

que tienes de tu lado la fortuna

que muchos no tuvieron;

que otros quisieran ver

lo que tus ojos vieron

y poder contemplar por un momento

lo que a ti te fue dado conocer.

Levántate y camina,

que una nueva mirada veo en tus ojos

y en tu horizonte un nuevo amanecer.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Ocio y Deporte. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a VIVIR ‘A CIEN’

  1. Para mi, tan buen ejemplo es ella, como lo eres tú, que has aplicado esta máxima todos los días de tu vida, por lo menos los que yo he sido consciente!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s