LA ÚLTIMA FRONTERA

Se preguntarán los seguidores de este blog qué ha sido de su autor en esta última semana. No está en la pereza,  en la fatiga del escritor ni en la falta de temas sobre los que reflexionar la razón que me ha tenido apartado por unos días de mi compromiso con los pacientes seguidores.  En la lucha por la vida de un ser muy querido y en su último adiós reside el verdadero motivo.

Hace algunos meses, mi nieto Fran -aún no había cumplido los nueve años- me formulaba una de las preguntas que indefectiblemente nacen con el despertar de la razón, y cuya respuesta suele resultar azarosa y comprometida: el porqué de la muerte.

Tiempo atrás había surgido la otra inevitable cuestión: el origen de la vida y de la reproducción de las especies; de la nuestra, más concretamente.

Preguntas que completan el ciclo de la vida, que a lo largo de ésta nos repetimos una y otra vez y a las que nos esforzamos por encontrar una respuesta que nos serene y satisfaga la perentoria necesidad de reconocer y aceptar origen y destino.

El aire, las aves, la infatigable abeja…,  encargados de llevar la semilla hasta el pequeño receptáculo donde felizmente habría de surgir  una nueva existencia, iniciaban el símil; la planta que creció, el fruto que logró nacer y madurar entre no pocas dificultades y que el paso del tiempo se encargó de ajar y marchitar y que acaba deshojándose sobre la tierra que le vio nacer,  para convertirse en necesario abono de una nueva fertilidad, completan la metáfora.  En no pocas ocasiones, un suceso fortuito, traumático y fatal, abate sobre ese mismo suelo el fruto apenas nacido o aún sin madurar.

Pero en la metáfora, bien traída y más que aceptable como recurso didáctico, no encontramos -es una pena que así sea- la explicación que nos satisfaga plenamente y aquiete nuestra zozobra.

Y la inquietud se aviva y acrecienta cuando la inminente partida de un ser querido te mantiene velando junto a su lecho, angustiado e impotente. ¡Cuántos esfuerzos  para vivir, y qué duro y difícil, en muchos casos, traspasar la frontera definitiva!

Nos debatimos en la profundidad del misterio y nuestra incapacidad para desvelarlo o en la fe que sirve de bálsamo y consuelo a los creyentes. Buscamos una pequeña luz que nos permita asomarnos al otro lado y nos ayude a comprender. Y a veces esa luz llega hasta nosotros, nos serena y nos ayuda a soportar el dolor y el duelo con mayor resignación.

En nuestro caso, nuestra querida madre y abuela -todos estábamos presentes y vigilantes para envolver en cariño el último suspiro- nos ofreció la respuesta en dos brazos que desde hacía horas se hallaban prácticamente inertes y que se alzaron para acompañar una apacible sonrisa. ¿Fue un último abrazo de despedida? ¿El feliz encuentro con el ser querido que hacía tiempo anticipó su partida? En cualquier caso, un gesto que trajo la serenidad y el consuelo donde amenazaban la desesperación y  el abatimiento.

Desde mi conciencia de pequeñez  ante la inmensidad del universo conocido -insignificancia que se acrecienta hasta límites insospechados al atisbar tan solo el que resta por conocer-, me considero -y considero a cualquier ser humano- incapacitado para comprender la verdadera dimensión de la vida y de su proyección al más allá. Cuánto más, para dogmatizar al respecto.

Todos buscamos desde siempre, y seguiremos buscando, una explicación convincente: alma inmortal, reencarnación, naturaleza que se renueva, sin más, cíclicamente… No soy quién para dar o quitar la razón a unos y a otros, creyentes o agnósticos. Por el momento, me quedo con el abrazo y la sonrisa: gracias, yaya.

Este es mi homenaje a quien acaba de marchar y que, aunque apenados, nos deja llenos de esperanza:

VE CON DIOS  

Fuiste, Aurora,  mujer fuerte,

hija noble y amorosa,

digna hermana, fiel esposa,

madre dulce y cariñosa.

Noble, sincera, valiente,

esforzada y animosa.

Ejemplo para tus nietos,

y para Fran, tu pequeño

biznieto, raíz honrosa.

Fuiste para tus amigos

la  más leal y generosa.

 

Ahora, cuando la losa

cubre tu cuerpo, y tu alma

liberada y venturosa

nos sonríe y nos contempla,

te honramos, y agradecemos

cuanto quisiste entregarnos

sin esperar otra cosa

que el afecto y el cariño

que mereces y nos diste

como una joya preciosa.

 

Ve con Dios, querida madre,

hija, bisa, abuela, esposa…

Ve con Dios, y por nosotros

vela. Que de cuanto hiciste,

de tu trabajo y desvelos,

de tu generosa entrega,

del legado que nos dejas,

debes sentirte orgullosa.

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3 respuestas a LA ÚLTIMA FRONTERA

  1. La paz de Dios – mi paz os dejo, mi paz os doy, acabo de oír en la misa- para ella y para vosotros nuestra oración y el abrazo más abrazo de hermanos y amigos. Auro y CUR

  2. Papa, gracias a ti siempre conseguimos digerir los momentos más duros! Comparto tu homenaje a una gran mujer que nos sirvió de ejemplo y que nos ha legado toda su fuerza y ganas de vivir… Un privilegio haber sido tu nieta. Muchos besos, abuelita, allá donde estés…

  3. Ola Hussain Al Hashimi dijo:

    uffffffffffffff, que bonito Angel, me encanta, sois un orgullo de familia, espero que siempre esteis igual de unidos. Un besazo enorme a todos y mucha fuerza para afrontar esta gran perdida. DEP Yaya!!!!

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