ÍDOLOS DE BARRO

Es proverbial la versatilidad humana para enjuiciar los hechos sobrevenidos y a sus protagonistas. En ocasiones, por la propia inconsistencia de las razones que condujeron a la exaltación o a la condena; en otras, por la capacidad de los grupos de presión para adjudicar méritos o sembrar vilipendios.

Personajes de singular relieve histórico, como Jesús, Gandhi, Hitler, Sadam o el general Franco -por traer algunos ejemplos entre miles posibles- se vieron sometidos, por sus propios méritos en unos casos y por intereses políticos, sociales y económicos en otros, al zarandeo de las masas, urgidas por la necesidad de alzar a sus héroes o derribarlos.

Tres días bastaron para que los vítores y las palmas que acompañaron el Hosanna de la multitud enfebrecida se tornaran en exabruptos de desprecio que exigían la crucifixión.

El hombre que representó la lucha por la independencia de la India y que se ganó el respeto y admiración del mundo, terminó  a manos de un fanático utilizado por inconfesables intereses políticos.

Quien nació a la política como líder de un partido obrero, quien redactó en prisión sus mensajes ideológicos y a quien la exaltación xenófoba elevó a la consideración de Canciller Imperial, acabó denostado y perseguido hasta el extremo de llegar a considerar el suicidio como la salida menos humillante, y es tenido hoy por uno de los símbolos de la degradación humana.

Caudillos aclamados y dignificados en su día hasta extremos insospechados, ven hoy derribados los que fueron emblemas de su poder, y puesta en entredicho su imagen histórica, cuando no duramente denostada.

Hoy la información deportiva abre sus páginas y noticiarios con la imagen de un Lance Armstrong  derribado. Siete tours consecutivos, amén de otros muchos títulos, orlaron durante una década gloriosa su carrera  deportiva. La victoria sobre una grave afección cancerosa y la prodigiosa fuerza de voluntad para conseguirlo y volver a la elite de la competición, le convirtieron en ídolo para los seguidores del ciclismo y ejemplo de deportistas.

Las acusaciones de dopaje que se alzaban tras cada competición, la ‘compra de etapas’ que algunos insinuaron y de la que hoy se hace eco la prensa, fueron desoídas por los amantes del deporte y calificadas de escandalosas,  interesadas y tenidas, sin duda, por infundadas.

El propio Lance salió repetidamente en su propia defensa, clamó por el juego limpio y criticó duramente a quienes, movidos por intereses espurios, trataban de salpicar de barro los éxitos deportivos conseguidos en buena lid.

Parece ser que nos equivocamos de nuevo. Otro ídolo de barro vemos bajar del pedestal, arrojado a los pies de quienes claman por la bondad del deporte. La imagen del gran deportista, el que durante las dos últimas décadas ha sido considerado el mejor ciclista de todos los tiempos, se ve desposeído de todos sus títulos y presentado como alguien indigno del menor respeto.  Una página que convendrá arrancar de la historia del deporte, y en la que ningún deportista que se precie deberá ya buscar el espejo en que mirarse.

Lo sentimos, Lance, por ti y por el deporte. Lo sentimos por tantos jóvenes que encontraron en tu imagen un claro ejemplo de superación y hoy se sienten desnortados. Por la humanidad entera, que no acaba de reconocer su incapacidad para encontrar un claro y permanente paradigma, y va de frustración en frustración.

Quiero pensar, necesito pensar, que la amarga noticia que hoy comentamos obedezca a un verdadero esfuerzo por salvaguardar la limpieza y dignidad deportivas. Necesito dejar a un lado, por esta vez, manejos interesados de grupos y personas. Sólo así el caso de Lance, o el de otros muchos  que del campo de la economía, el deporte, la política… podríamos citar,  nacidos en cualquier suelo hollado por las bondades y las miserias humanas, podrán significar un reto al futuro y alentar la esperanza de quienes queremos seguir confiando en la dignidad humana.

La historia necesita ganadores,

personajes heroicos y valientes,

hechos  extraordinarios, sorprendentes,

y el ejemplo de ilusos soñadores.

 

Luego torna a los héroes en  traidores,

califica a los genios de dementes,

deshonra a los que honró, por delincuentes,

y humilla a los que quiso triunfadores.

 

Héroes de barro son, siempre lo han sido;

de las manos que al cielo se elevaron

se han visto derribados, y han caído.

 

Que no fue digno el barro que amasaron;

de la miseria humana se han servido

para emular a Dios, y fracasaron.

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