¡QUE VIVA COSAÑA!

A falta de letra con que acompañar los acordes de nuestro himno nacional, fervientes seguidores de ‘la Roja’, entonan desde las gradas la canción que nació con hechuras de eslogan turístico y que hoy se deja oír en cualquier rincón de nuestra geografía y por donde quiera que marche nuestra selección.

Popularizado por el buen Manolo Escobar, el ¡Que viva España! ha cobrado aires de epopeya, y hasta puede ser considerado el pseudohimno de nuestra nación:  ‘La gente canta con ardor ¡Que Viva España! La vida tiene otro Sabor, y España es la Mejor”, reza, entre otras frases, de literatura más o menos afortunada, la letra de la canción.

La cuestión es si no sería una opción, para los menos entusiastas, sustituir la exclamación original por esta otra: ¡Que viva Cosaña! Quizás se sintieran así mejor dispuestos.

Entenderá el lector el tono de humor con que iniciamos nuestra reflexión. A ella nos dan pie las desafortunadas declaraciones de Maker Susaeta, joven futbolista vasco, que a punto de debutar con la selección española fue requerido por los medios de comunicación para ser entrevistado. ‘Sabemos que nosotros representamos -dijo en tono dubitativo-, a una … cosa’, refiriéndose a la selección. Luego, ante la reacción desproporcionada de los medios, aseguró no ser su intención menospreciar ni faltar a nadie, y  haberse referido, con el genérico utilizado, al estilo futbolístico que caracteriza al equipo y que le ha llevado a conseguir la situación de privilegio en que hoy se encuentra.

Nos parece injusto y desproporcionado cargar sobre este joven deportista los reproches que debería recibir, en su lugar, una clase política que utiliza la bandera del separatismo para conseguir rédito electoral.

Markel, como muchos jóvenes de su generación, son fruto de décadas de adoctrinamiento y desinformación, en las ikastolas vascas y en las escuelas catalanas, y de la política de ‘integración’  lingüística, que más bien pudiera calificarse de exclusión para inmigrantes y foráneos, españoles o no.  Siembra interesada, que políticos desaprensivos han hecho sin escrúpulo alguno y que han generado odios infundados en quienes nada conocían o muy poco sobre la verdadera realidad, historia y tradición, de España. Tampoco se les ha concedido la oportunidad de conocerla.

No nos rasguemos, pues, las vestiduras. Quien siembra vientos, recoge tempestades. Las declaraciones de Susaeta se quedan en una simple anécdota, que puede resultar incluso simpática. Lo que realmente debe preocuparnos es el sustrato del que nace esa manifestación espontánea, y que pone de manifiesto la labor de zapa y destrucción que en las Comunidades catalana y vasca -quiero entender que a ellas se circunscribe el problema, aunque puedan percibirse síntomas menores en alguna otra- se ha hecho y se sigue haciendo sobre todo cuanto pueda tener carácter de españolidad.

Nada tengo en contra del nacionalismo, pues considero el apego a la tierra que nos vio nacer y nos ampara una expresión natural, seguramente sana y espontánea, de la condición humana. Lo que censuro es el nacionalismo excluyente, fascista y totalitario.

Amigo Markel, te comprendemos y excusamos el desliz. Te pudo la presión, y el temor a recibir el repudio abertzale. Naciste y has crecido en un entorno hostil para cuanto tenga que ver con lo español y con la camiseta que hoy honrosamente se te ha concedido vestir. Siempre hay tiempo para rectificar, si quieres y necesitas hacerlo. Quienes rechazamos cualquier radicalismo, estamos dispuestos a aceptar, gustosamente, tus disculpas.

Hoy concluyo mi reflexión con un soneto que intenta ser una llamada a la unidad de todos los que, arropados por el mismo himno e idéntica bandera, defendemos una causa común: España.

¡QUE VIVA ESPAÑA!

Cuando una sociedad su rostro empaña

y salpica de barro su memoria,

se queda sin raíces, sin historia,

y convierte su feudo en tierra extraña.

 

Con muertes y violencia, y aun con saña,

o con sutil engaño y oratoria,

destruyen las banderas, y en escoria

quieren volver su Patria, que es España.

 

Catalanes y nobles vascongados,

tenéis una nación; os la legaron

con orgullo vuestros antepasados.

 

Por su unidad sufrieron y lucharon.

No destruyáis con odios infundados

lo que con harto esfuerzo conquistaron.

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Una respuesta a ¡QUE VIVA COSAÑA!

  1. CUR dijo:

    Desde luego, el Susaeta del caso y de la cosa no es un Quirós: ¡Después de Dios, la casa de Quirós!

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