TRISTEMENTE VACÍO, VIENTRE DE ALQUILER

El motivo para la reflexión de hoy me lo brinda el programa de televisión que anoche tuve ocasión se seguir. Por extraño que pueda parecer, la cadena Tele 5, copada en gran parte de su banda horaria por emisiones que calificaré, generosamente, de ‘infumables’, cuenta con algunas otras que, en mi modesta opinión, salvan este calificativo. Entre ellas, el Gran Debate, que se emite en la noche de los sábados y que mejora sustancialmente -encomiable rectificación- el que con el nombre de La Noria nació con buenos augurios pero que en su tratamiento y contenido había ido claramente desmereciendo.

Ayer, entre debate y debate, se insertó la entrevista a un matrimonio gay, padres de dos niñas habidas recientemente mediante lo que técnicamente se denomina ‘maternidad subrogada’ y que más coloquialmente conocemos como ‘vientre de alquiler’.

Nada tengo -aunque he de confesar que, posiblemente por mi formación, me ‘rechinan’ un tanto- contra las parejas homosexuales. Con mayor o menor aceptación social, y aplaudidas o denostadas por unos u otros, por razones religiosas, éticas o estéticas, están dentro de la legalidad y deben, por tanto, ser como tales aceptadas. Por lo que a mí compete, me considero una persona tolerante y aunque, como dije antes, la relación homosexual es una realidad que no arrancaría mis aplausos, tampoco soy quién para anatematizarla. No creo que pueda calificarse la homosexualidad de desviación o perversión -aunque pudiera darse el caso-, ni como una forma de patología; la entiendo como una manifestación de la naturaleza, no por infrecuente menos digna, y que como tal debe ser respetada. La conveniencia o no de aplicar el término ‘matrimonio’ a la pareja homosexual, me parece una cuestión secundaria, ampliamente debatida, y constitucionalmente sancionada. No entraré, por tanto, en hacer valoraciones al respecto.

La entrevista se desarrolló, en mi opinión, de manera correcta, sin que un mal entendido progresismo condujese- como en ocasiones ocurre- a la absurda e importuna apología de lo que ha de entenderse simplemente como un hecho natural. Ya he dicho más arriba que considero la tolerancia ante cualquier opción una actitud inteligente, siempre que no se atente, en un signo o en otro, contra los derechos del individuo o de la colectividad. Lo que repudio, y considero desafortunado y pueril, es convertir en ostentación lo que se entiende y defiende como normal y natural. Sólo el hecho de que durante demasiado tiempo esa misma realidad se haya visto vilipendiada, perseguida y proscrita, puede justificar tales manifestaciones. Pero los tiempos han cambiado, y creo que es hora de abandonarlas. En este sentido, considero obsoletas y desproporcionadas  actitudes como las que se vierten en la fiesta del ‘orgullo’ gay o en otros eventos de corte semejante. El que la historia y los movimientos sociales tengan carácter pendular, y lo que ayer fue motivo de vergüenza hoy parezca necesario exhibir, explica pero no justifica tales actitudes.

Comprendo el deseo de paternidad de la pareja que ayer fue objeto de la entrevista, y su satisfacción por verlo cumplido. Entiendo la emoción incontenida en el nacimiento de su hija y los parabienes de cuantos vivieron el momento. Aprecio, elogio incluso, la contribución altruista de la mujer que donó sus óvulos a quien los pudiera requerir. Lo que me llena de tristeza es la imagen -desdibujada y presentada en segundo plano, como cabía esperar- de quien, por razones de supervivencia económica o simplemente como recurso- hubo de fingir satisfacción ante la alegría de los ilusionados padres, mientras apretaba los puños y cerraba los ojos para no llegar a ver y poder permitir que apartasen de su lado a la que, de alquiler o no, era fruto de sus entrañas.

EXTRAÑO PRIVILEGIO

Llegas, pequeña, al mundo

y encuentras al nacer

los brazos de dos padres

que te han de proteger.

Dos hombres que se quieren, que te quieren

y a los que con tus risas

felices has de hacer.

Del uno eres el fruto deseado,

pues puso la semilla

que había de florecer.

Del otro, las caricias

tendrás, y a sus desvelos

sabrás corresponder.

Pero hay algo que nunca han de decirte

y tienes que saber:

eres también el fruto de dos madres

que nunca conociste

ni habrás de conocer:

quien su semilla diera y nunca supo

que llegaste a nacer,

y quien te dio cobijo en sus entrañas,

que  regó con su sangre

la sangre que tú tienes,

y que hubo de mirar hacia otro lado

cerrar los ojos y apretar los puños

para poder dejar que le apartasen

la vida que acababa de ofrecer.

Se te ha dado, pequeña,

un raro privilegio: el de  tener

dos padres y dos madres.

Te lo otorga el destino,

la comprensión de un mundo tolerante,

la bendición de ser

querida y esperada

con enorme ilusión,

y la extraña ocasión de haber nacido

de un vientre de alquiler.

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Una respuesta a TRISTEMENTE VACÍO, VIENTRE DE ALQUILER

  1. CUR dijo:

    ¡Pobre niña! Primero ella. En ningún caso reducirla a objeto, a juguete de quienes no han podido darle la existencia. Es persona, realidad sagrada. Habrá que ahondar en el concepto de persona y, sobre todo, en la realidad persona. Los profesores de filosofía tienen mucha responsabilidad en esto.

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