ZUMBAMOS O ‘NOS ZUMBAMOS’

Todo está en crisis en este bendito país. No es  sólo la cuestión económica, que tan gran deterioro está causando en nuestra sociedad y de la que no alcanzamos a vislumbrar la salida; se trata de una crisis institucional, a todos los niveles.

Crece cada día la desconfianza de los ciudadanos hacia la clase política, desconfianza alimentada por la inoperancia, por el incumplimiento, forzado o no, de los programas electorales de quienes tienen encomendadas las tareas de gobierno, y por el cinismo de una oposición que descarga en el Ejecutivo la responsabilidad de los males sobrevenidos por la incapacidad, el despropósito y la mala gestión a lo largo de toda una década.

Desconfianza que se convierte en indignación al comprobar cómo se gravan una y otra vez los hombros de los más débiles, mientras la clase política y los más poderosos y afortunados conservan prácticamente intactos sus privilegios.

Crisis institucional que se extiende a los distintos estamentos del poder: un Senado cuya operatividad resulta más que discutible; un Legislativo más preocupado por obtener réditos electorales y mantenerse en su escaño que por alcanzar, o al menos intentar, soluciones eficaces, particularmente cuando éstas amenazan con lesionar las prebendas de los más acomodados; un ejecutivo desbordado, en permanentes probaturas, y atenazado por los intereses del mercado, y un poder judicial cada día más politizado y menos independiente.

No es  de recibo, pongo por caso, la reticencia a la hora de elaborar y promulgar leyes que no dejen totalmente desprotegido a quien con enorme esfuerzo intentó conseguir la propiedad de su vivienda y al que la insolvencia sobrevenida le dejó sin recursos, y ampare algo menos a quien le ofreció el crédito necesario y ahora lo pone en la calle al tiempo que le exige la devolución de la deuda, mientras se hace con el inmueble para el que tarde o temprano encontrará nuevo comprador. Las escenas que cada día se suceden ofrecen una imagen no por cotidiana menos dramática.

Bochornoso es también comprobar la laxitud de la justicia y la interminable sucesión de recursos y aplazamientos a la hora de enjuiciar casos escandalosos de fraude, malversación o cohecho, y la firmeza y celeridad con que se sanciona a quien no tiene recursos para sostener pleitos interminables. Y por si fuera poco, se arbitran desde el Ministerio de Justicia unas tasas que suponen una barrera más que salvar, bajo el argumento de que se trata de gravar con mayores costes a quien puede asumirlos y facilitar la gratuidad de los más desfavorecidos. Sería una excelente justificación, si la experiencia diaria nos diera pie para aceptarla. Es lamentable llegar al convencimiento de que la diligencia en la resolución y sanción de los procesos judiciales es, en muchos casos, inversamente  proporcional a la magnitud del delito. Sirvan de ejemplo, entre otros muchos que pudieran citarse, el caso Pau, en Cataluña, los eres fraudulentos en Andalucía, el caso Gürtel en Valencia o el Pokémon en Galicia…

Nunca perderemos nuestra capacidad de sorpresa. Hoy, sin ir más lejos: las nuevas tasas impuestas por el Ministerio de Justicia no pueden entrar en vigor porque no pudieron estar a tiempo los correspondientes formularios (excelente la capacidad de organización y previsión ministerial); un grupo de mafiosos es puesto en libertad, por la ignorancia o desidia de un juez; el fiscal superior de Cataluña sale en defensa de los señores Mas y Puyol, calificando de falaz y próxima a la calumnia la información difundida por el diario ‘El Mundo’ sobre presuntas cuentas ocultas en paraísos fiscales, ‘dando muerte al mensajero’ y contraviniendo las indicaciones de su inmediato superior, el fiscal general del Estado.  Algo que no debiera causarnos extrañeza si tenemos en cuenta la actitud indisciplinada que en determinados sectores de la autonomía catalana, encabezada por el propio President de la Generalitat se viene abiertamente manifestando  de un tiempo a esta parte; el Sindicato Unificado de Policía facilita a los medios una documentación de especial gravedad, mientras el Ministerio del Interior dice desconocer por completo la información que contienen; el Ayuntamiento de Madrid no duda en contratar los servicios de un bufete externo para defender sus intereses en torno al caso Madrid Arena, ninguneando a los más de sesenta letrados que tiene a su servicio,  al tiempo que niega la comparecencia en la Comisión investigadora de los máximos responsables del Consistorio; se recortan servicios sociales -especialmente sangrante el del discapacitado universitario a quien se le niega la necesaria asistencia, como ayer mismo tuvimos ocasión de comprobar- mientras se conceden miles de millones a la Banca para evitar su descubierto… Un largo etcétera de situaciones injustificables que no alcanzaríamos a completar.

Como dije al principio, crisis generalizada, económica, política y social. Y dos posibles soluciones: ‘zumbamos o nos zumbamos’. O zumbamos -zarandeamos, despabilamos…  en ningún caso golpeamos- a la clase política y  a los culpables del actual desaguisado, o ‘nos zumbamos’, es decir, salimos zumbando, que para luego es tarde. De hecho, se cuentan ya por miles los españoles, especialmente los jóvenes,  a los que nuestra nación, la que les vio nacer y que debiera verles crecer, les ofrece únicamente tres posibles salidas: por tierra, por mar o por aire.

Que está el país en crisis,

no se le oculta a nadie.

Sigue al paro el desahucio,

y al desahucio la calle.

Quienes dictan las leyes

y quien a ejecutarlas,

sancionar o juzgarlas

debiera dedicarse,

al rico y poderoso

prefiere no enfrentarse.

Está el país en crisis,

y  el aire en que vivimos

resulta irrespirable.

Las soluciones urgen:

o se cambian las tornas,

o muchos españoles

tendrán, ya están teniendo,

que coger el petate

y buscar la salida

hacia el fondo del túnel,

por tierra, mar o aire.

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Una respuesta a ZUMBAMOS O ‘NOS ZUMBAMOS’

  1. Pablo dijo:

    Por sí fuera poco ahora le toca el turno a los centros de salud, nuestro médico de cabecera nos lo quieren privatizar. ¿Hasta dónde llegará esta locura?.

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