ÚLTIMOS O PRIMEROS, AVANZAR Y LLEGAR

Ayer tarde estuve, como muchos millones de espectadores, siguiendo con interés ante el televisor  la  Fórmula 1, en la última carrera de la temporada. Era mucho lo que dos pilotos, el alemán Sebastian Vetel y el español Fernando Alonso tenían en juego: conseguir,  por tercera vez en su carrera deportiva, el campeonato del mundo. Ser el primero, de eso se trataba.

Seguí con emoción los lances de la carrera: adelantamientos, toques, abandonos, fallos mecánicos, salidas de pista… y las circunstancias que una y otra vez incidían sobre el resultado: cambios en la meteorología, intervenciones del safety car, banderas amarillas…

Cuando al final, por tan sólo tres puntos, Vetel se proclamó campeón, creo que todos éramos conscientes del gran mérito de Alonso, de lo cerca que estuvo de adjudicarse el campeonato, de los trece podios conseguidos en la temporada, cuatro más que el piloto alemán…  Su gesta deportiva merece el aplauso y el justo  reconocimiento a sus méritos. Creo que todos  coincidimos en considerarlo el mejor piloto del circuito  y no atribuimos su segunda posición  a tener menor pericia que sus rivales, sino a ser inferiores las prestaciones del  automóvil que Ferrari puso a su disposición. Tan sólo tres puntos menos, pero suficientes para eclipsar el esfuerzo realizado, bajar a Fernando al segundo peldaño del cajón, e impedirle verse coronado con el laurel de campeones.

Pasará algún tiempo, y nadie recordará lo cerca que lo tuvo. Y es que la historia es olvidadiza, y sólo recuerda a los ganadores. Los comentaristas deportivos harán mil referencias a los siete campeonatos de Schumacher, los tres de Vetel o los dos de Fernando. Pero ¿alguien hará alusión a quien consiguió ser segundo en los campeonatos que aquéllos ganaron?

Ser el primero parece resultar lo único verdaderamente meritorio, algo que se nos antoja enormemente injusto. El esfuerzo de quienes quedaron atrás, merecería mayor reconocimiento.

Vivimos en una sociedad enormemente competitiva, tanto que no conseguir la primera posición se vive como un fracaso; basta con observar la cara de Fernando al acabar la carrera. Ser el segundo puede llegar a vivirse como una derrota. Todo el honor para quien consigue clavar la bandera en la  cumbre, cortar con su pecho la cinta que cruza la meta, levantar la copa del campeón. Ser calificado de ‘segundón’,  resulta incluso ofensivo.

La ocasión me la brinda la carrera de ayer. Las reflexiones, éstas que siguen y que aquélla suscitó:

La importancia del ser el primero: el primer vino en el banquete es siempre el de mejor calidad; el primer toro de la lidia suscita la mayor expectación; el primer gol del encuentro abre y aclara el camino hacia el triunfo definitivo; ser el primero de la promoción constituye una excelente  carta de presentación; el cabo gastador, el de mayor prestancia, es quien por contar con más centímetros de estatura  marcha en cabeza y concita las miradas de cuantos asisten al desfile; ser el primogénito reportó en el pasado enormes ventajas y hoy conserva algunas, entre ellas la de poder estrenar  y no verse condenado a heredar la ropa de los hermanos; situarte en primera fila te evita asociar al espectáculo la coronilla del espectador que tiene su localidad justamente delante;  ser el primero en elegir,  pone a tu disposición la mejor opción; y asegura el dicho popular que quien da primero da dos veces.

También, en determinadas ocasiones, ser el último tiene su importancia: la máxima autoridad es siempre la última en acceder al espectáculo o al acontecimiento que le cabe el honor de presidir; la guinda que corona el pastel se coloca al final; cerrar el debate supone siempre una ventaja, y el protagonista de la obra o el director de orquesta son los últimos en salir a saludar y quienes mayor ovación reciben.

¿Ultimo o primero? Dependiendo de las circunstancias, ambos puestos  pueden suponer mayor honor o reportar mayor privilegio. Quedarse en medio lleva por lo general aparejado el anonimato, aunque no necesariamente el fracaso.

‘Los últimos serán los primeros’, reza el  refrán que, aunque no resulta cierto en la mayoría de los casos, bien puede servir de consuelo. Decía mi tía Trini, la mayor de siete hermanos y la última en dejar este mundo, con 101 años de edad, que morir en último lugar le había de resultar ventajoso: en la sepultura familiar estaría más cerca de la superficie y sería, por tanto, la primera en resucitar el día del juicio final. No estaba mal pensado.

En cualquier caso, mejor situarte prudentemente atrás y esperar a que alguien te invite a avanzar, que verte obligado  a abandonar, abochornado, el puesto de privilegio que ocupaste y que no te correspondía.

El afán de superación resulta siempre encomiable.  La obsesión por alcanzar la primera posición, no tanto. En cualquier caso, no debemos angustiarnos si, a pesar del esfuerzo  realizado,  vemos  que otros nos adelantan ganando posiciones. Pues, como sabiamente  repetía el señor Vicente, antiguo compañero de trabajo que ya peinaba canas y poseía la sana filosofía que otorga la experienicia, “a quien para pobre está apuntado, lo mismo le da correr que estar sentado”.

Reflexiones sobre la absoluta importancia del esfuerzo y el relativo valor del éxito s0n las que trato de recoger en este soneto:

Es siempre meritorio el esforzarte,

marcarte nuevas metas que lograr,

alegrarte al poderlas conquistar

y de nuevo tratar de adelantarte.

 

Llegar a lo más alto y asomarte

para ver lo que acabas de lograr;

mirar luego adelante y comprobar

que otra cumbre te invita a superarte.

 

Si luchaste y  la meta y conseguiste,

no te importe no haber sido el primero;

importa, sí, el empeño que pusiste.

 

Y más si, en el camino, tan ligero

no pudiste avanzar, porque quisiste

tender la mano amiga al compañero.

(Añado el link del vídeo. Os aconsejo que le dediquéis unos minutos) :

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2 respuestas a ÚLTIMOS O PRIMEROS, AVANZAR Y LLEGAR

  1. CUR dijo:

    En el gua de mi infancia: “¡Carambolas, último!”
    Aquí hay que cederte el paso, vas muy bien lanzado y primero.
    Me estoy haciendo alumno tuyo.
    CUR

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