GRACIAS, MAJESTADES

En la tarde-CABALGATAnoche de ayer tuve ocasión de asistir a la cabalgata del Puerto de la Cruz, arropado por la abigarrada multitud, en la Plaza del Charco, donde la calle tuerce camino del Consistorio.

Debo confesar que siento cierta fobia a las aglomeraciones. En esta ocasión, sin embargo, me sentí cómodo y feliz, mientras alzaba los brazos sobre quienes me precedían y trataba de recoger en mi cámara imágenes del momento.GASPAR

Llovían, entre el confeti multicolor, caramelos que la chavalería se apresuraba a recoger. Voces, aplausos, aclamaciones… Y en el paseo, a través del estrecho corredor abierto entre la muchedumbre, globos, luces y serpentinas anunciaban la presencia de carrozas engalanadas, donde lucían espléndidos Reyes y pajes, que se abrían paso escoltados por abanderados, músicos y danzantes. Arrogantes camellos avanzaban cargados de regalos y recogían las miradas expectantes de cuantos adivinaban sobre sus lomos la respuesta a sus mensajes.

MELCHORBajé los brazos y aparté los ojos del espectacular cortejo, para fijarlos en los rostros de los pequeños que, encaramados a los hombros de sus padres, observaban admirados el paso de sus Majestades. Ojos como platos, absortos, se fijaban sobre la blanca barba de Melchor, la dorada melena de Gaspar y la piel de ébano de Baltasar.

Y pensé: ¿cabe algo más bello y esperanzador que la mirada de un niño asombrado por el brillo de la fantasía?BALTASAR

Un año más, y a pesar de la crisis, los Magos de Oriente han conseguido llegar hasta nuestros pueblos y ciudades y congregar a sus gentes en calles y plazas, y han logrado despertar los sueños de los pequeños y la sonrisa de los mayores.

Gracias, Majestades, por invitarnos a soñar.

ILUSIÓN
Ya llegan los Reyes de Oriente,
entre chispas de arena
y agujas doradas,
sobre fondo de viejas palmeras,
bajo un sol de poniente
que les arde en la cara.

Van cruzando el desierto,
persiguiendo sus sombras,
que van a Occidente.
donde duermen los niños
soñando en los Magos:
en la larga melena del buen rey Gaspar,
en las barbas del viejo Melchor,
en los dientes de plata del gran Baltasar,
en los altos camellos
que traen sus juguetes…

Se ha dormido por fin la pequeña.
Cómo aprieta sus párpados rosa y sonríe.
Dejadla que sueñe.
Qué alegría mañana,
qué ilusión cuando el día amanezca…

Sólo tengo una pena:
cuántos niños saldrán esta noche
a la puerta de casa,
y hallarán la miseria de siempre,
sus sandalias de goma vacías,
el relente y el frío…
Y de nuevo se irán a dormir;
y apretando sus negras pestañas,
volverán a soñar con los Reyes,
que otra vez les dejaron sin nada.NIÑOS SOÑANDO

…………….

Dormid, pequeñuelos,
soñad cosas blancas;
que nadie os despierte,
porque llegan, siguiendo la estrella,
los Magos de Oriente.

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