AFORTUNADOS, EN ‘LAS AFORTUNADAS’

DSC_0701[1]Quiso la fortuna llevarnos unos días hasta las Islas Afortunadas, concretamente a Tenerife. Ya conocíamos algo del archipiélago, pues hace unos años visitamos Lanzarote y Fuerteventura. En esta ocasión nos dedicamos a recorrer la isla e hicimos una pequeña incursión en La Gomera. No he visitado el resto de las islas, pero de lo que hasta el momento he llegado a conocer, considero a Tenerife la mejor perla; y muy especialmente, el Puerto de la Cruz.

Tomamos tierra en el Aeropuerto Sur. Allí recogimos el automóvil que habíamos previamente reservado y que había de resultar inseparable compañero hasta nuestro regreso a la Península. Tanto mi señora como yo tenemos vocación viajera, y no nos resistimos a explorar cada rincón que se pone a nuestro alcance. Así que, como quien no quiere la cosa, devoramos cerca de ochocientos kilómetros, en las dos semanas que se prolongó nuestra estancia, en una isla que apenas mide cien kilómetros entre sus extremos más distantes.

Nos sorprendió gratamente la hermosura y variedad del paisaje, siempre cambiante y siempre bello. Unas dos mis instantáneas y algo más de ochocientas tomas de vídeo, certifican la afirmación.

Comenzamos nuestra visita en Santa Cruz, la capital. La CIMG0885localización de nuestra residencia para esos cuatro primeros días, inmejorable: Plaza de la Candelaria. Desde allí, todo a mano: la Plaza de España, amplia y ‘encharcada’, el Cabildo insular, los espléndidos templos de La Concepción y San Francisco, la apacible Alameda de Santa Elena… Y no mucho más allá, el tranquilo paseo por el Parque García Sanabria y por las Ramblas, para descender después, desde Capitanía y por la Plaza Weyler, a través de la animada calle del Castillo, hacia la Avenida de la Constitución. Imponente el Auditorio de Calatrava, y a su vera el original y luminoso espacio de las piscinas diseñadas por César Manrique.

Ciudad tranquila y acogedora, animada por los abetos, las luces navideñas y los quioscos de feria dispuestos para la ocasión.

CIMG0913Desde Santa Cruz nos desplazamos una jornada hasta las playas del sur: los Cristianos, las Américas… No es allí precisamente donde podréis encontrarnos si algún día nos perdemos por Tenerife. Demasiada construcción, demasiada concesión al turismo de hamaca y sombrilla. Sí CIMG0956mereció la pena el paseo en barco bordeando la costa hasta Los Gigantes. Esos impresionantes acantilados de más de 600 metros de caída vertical, posan pacientes ante los asombrados viajeros que hasta allí se desplazan permanentemente, para orgullo de la naturaleza y lucrativo ingreso de quienes la muestran.

Una segunda y obligada visita, a San Cristóbal de La Laguna, antigua capital de la isla. De la que fue laguna natural sólo resta el aire humidificado y sutil que allí te envuelve, al tiempo que respiras historia  en la visita a los Palacios de Nava y del Corregidor o a la Casa de los Capitanes,  con las balaOLYMPUS DIGITAL CAMERAustradas de madera de sus patios y balconadas perfectamente conservadas, y los espléndidos templos de La Concepción y la Santa Iglesia Catedral, los conventos como los de Santa Clara y Santa Catalina… o plazas y fuentes como la del Adelantado, frente al Ayuntamiento. Especial mención merece el Cristo de la Laguna, imagen particularmente querida y venerada por los laguneros, y que desde el presbiterio de San Miguel de las Victorias recibe, con sobrecogedora serenidad, a viajeros y peregrinos. De la ciudad, resaltar el moderno trazado de las calles, amplias y rectilíneas,  con ligera y estudiada pendiente para conducir las aguas de lluvia hacia las ramblas, fuera de la ciudad.

OLYMPUS DIGITAL CAMERATambién desde Santa Cruz, una incursión a la sierra de Anaga, para disfrutar de la frondosidad de sus bosques y de las espectaculares vistas a una y otra vertiente, desde miradores estratégicamente dispuestos: Las Mercedes, la Cruz del Carmen, Bailadero…  y entre los que destacamos, por la grandiosidad del espectácCIMG0854ulo, el Pico del Inglés. Y al atardecer, un tranquilo paseo costero, hasta San Andrés y la playa de Las Teresitas -posiblemente la mejor de la isla-  y el tranquilo pueblito de Igueste, ultimo recinto accesible de la costa oriental.

Abandonada la Capital, dirigimos nuestros pasos, a través del Portillo,  hacia el Parque Natural del Teide. Las Cañadas, los CIMG1355 - copiaRoques, el llano de Ucanca, sembrado de rocas volcánicas, la majestuosa presencia del techo de  España, y a su lado, igualmente espléndido aunque eclipsado por su altivo compañero, el Pico Viejo.  En la noche, desde las proximidades del Parador, la observación de un cielo tachonado de estrellas que desde allí se contemplan especialmente luminosas, ajenas a cualquier contaminación.

Y en la mañana, la ascensión en el funicular hasta la cumbre, y la contemplación de unEN LA CUMBRE vasto panorama desde cualquiera de las vertientes: las áridas y rojizas Cañadas y, donde éstas acaban, una extensísima alfombra de esplendoroso verdor, de bosques que se deslizan ladera abajo sobre lomas y valles y dan paso a esbeltas palmeras, dragos centenarios,  cactus, pitas, chumberas…, extraordinaria variedad de especies vegetales que emergen sobre ininterrumpidos cultivos de verdes plataneras que se asoman al mar. Tuvimos la suerte de contar con un día especialmente luminoso; pues, a decir de quienes conocen bien el lugar, lo más frecuente resulta ver la montaña rodeada por una corona de nubes, que, a modo de curioso salvavidas, envuelven la ladera y ocultan al viajero la grandiosidad del espectáculo.

CIMG1455Finalmente, nos asentamos en el Puerto de la Cruz. Fue ésta, con diferencia, la ciudad en que nos sentimos más cómodos. Y, por suerte, donde transcurrió aproximadamente la mitad de nuestra estancia en la isla. Aunque no habíamos contado con que así fuese, quiso la fortuna que nuestra residencia se encontrara en plena Plaza de la Iglesia, corazón de la ciudad y lugar alegre y animado, aunque sin estridencias. Frecuentada por un turismo fundamentalmente nórdico, correcto y respetuoso donde los haya, la ciudad ofrece en todo momento un ambiente  acogedor y las dotaciones y servicios más que suficientes para proporcionar al viajero una agradable estancia.

De la ciudad, el espacioso muelle, con la feria bulliciosaCIMG3017 pero suficientemente apartada, la animada Plaza del Charco, la concurrida calle Quintana, el moderno complejo turístico de Costa Martiánez… Y en sus proximidades, la bien cuidada Playa Jardín, el frondoso y acogedor Parque Taoro, el incomparable Jardín Botánico… o atracciones turísticas como el Loro Park, animCIMG3227ado espacio zoológico y de recreo. Y a sólo unos kilómetros, la hermosa Orotava, que siempre luce fresca y luminosa y que en primavera ha de verse convertida en un incomparable vergel.

En el Puerto de la Cruz nos encontró  la llegada del Año Nuevo. Cantamos, reímos y alzamos la copa para brindar por los mejores deseos, con gentes llegadas de las más variadas latitudes, pero que en esa noche mágica latían al unísono.

Desde el Puerto de la Cruz, tres nuevos destinos: por el norte, cruzando Santa Úrsula,CIMG2044 la Victoria, El Sauzal, Tacoronte, Valle Guerra y Tejina, hasta Punta Hidalgo. Y por el sur, por los Realejos e Icod -con la obligada visita al Drago milenario-,  y la entrada a Garachico, primera capital que fue de la isla, allá por el siglo XVI. Termina la carretera en la Punta de Teno, donde se cruzan las corrientes del oeste y del sur, ante la incomparable imagen, desde el faro, de los imponentes acantilados. Allí  el macizo de Teno se asoma a la costa, y las aguas turquesa rompen en blancas espumas sobre las piscinas naturales que el magma ha querido caprichosamente recortar. Y un tercer destino: ROQUE EN LA GOMERAla Gomera. En este caso, una excursión programada, en autocar, que nos condujo hasta el ferri, en Los Cristianos, y nos paseó por la accidentada isla a través del parque natural de Garajonay, las ciudades de Agulo y San Sebastián y, ya entrada la noche, nos devolvió, con las pupilas atiborradas de belleza natural, a nuestras respectivas residencias.CIMG0894

Acabados los días previstos para nuestra estancia en la isla, que nunca hubiCIMG0891éramos querido ver concluidos, el regreso hacia el aeropuerto sur, y dos altos en el camino. El primero, en la Candelaria, para hacer una visita a la Basílica y agradecer todo lo que en este par de semanas se nos había concedido.  En la explanada, a la salida del templo, los míticos caudillos guanches nos  hacían los honores y  recibían nuestro homenaje a cuanto sus hiératicas y majestuosas imágenes representaban. La segunda y definitiva parada, en el Puertito de Güimar, que no quisimos abandonar sin degustar una vez más el sabroso almogrote, las papas con mojo, el típico puchero,CIMG2003 rematado con un sabroso bienmesabe y un dulce saperoco. Ya en diferentes ocasiones habíamos dado buena cuenta de pescados propios de la zona, como el ‘viejo’ o el ‘cherne’, de las sabrosas lapas, del conejo en salmorejo, del sancocho o del reconfortante potaje.

Adiós, Tenerife, ocuparás un lugar preferente en el álbum de nuestros recuerdos.

TOCANDO EL CIELO

Es el Teide ubre fértil, que extendiera

roja y fecunda leche incandescente;

hoy, frío ya, sereno e imponente

se alza sobre el vergel que de él naciera.

 

A sus pies, una eterna primavera

de constante verdor; y  allí su gente,

generosa, sencilla y complaciente,

presta calor al ánima viajera.

 

Hasta la cumbre blanca y luminosa

te llegas, y tus pasos acompañas

CIMG1044

de asombro y emoción respetuosa.

 

Ya en la cima del monte, mientras bañas

de oro y nieve  tu frente sudorosa,

sientes que late Dios en sus entrañas.

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Una respuesta a AFORTUNADOS, EN ‘LAS AFORTUNADAS’

  1. Por fortuna, ya tenemos de vuelta a nuestros ‘afortunados’ favoritos…¡El año que viene me cuelo en la maleta!

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