EN BUSCA DE LA FELICIDAD

CIELOPresencia de todos los bienes sin mezcla de mal alguno. Esa era la definición que los más talluditos aprendimos de pequeños en el Ripalda, manual catequético, compendio de la doctrina religiosa que nuestros mayores se aplicaban celosamente en transmitirnos y que memorizábamos y recitábamos a diario, como se aplican los judíos a los versículos del Talmud o los musulmanes a las aleyas del Corán.

Presencia de todos los bienes, sin mezcla de mal alguno. Bien pudiera ser ésta también la definición de la felicidad. Cielo y felicidad, claramente identificados. El cielo, para los  creyentes, lejos y a la espera; que, paradójicamente, lo anhelamos pero deseamos  posponer lo más posible. Felicidad perseguida y en contadas ocasiones disfrutada. Que la vida tiene más momentos de acíbar que de almíbar, aunque la dulzura de éstos pueda -o tratamos al menos que así sea- compensar la amargura de aquellos. Goce y ausencia de dolor, esa parece ser la meta.

Es sabido que el dolor requiere consciencia. El cerebro y el conocimiento que en él reside tienen mucho que ver con el sufrimiento o con la ausencia de éste. Uno sufre en la medida en que es consciente. La anestesia, total o parcial, inhibe el sufrimiento.AVE SATISFECHA

Es feliz el ave que canta satisfecha, una vez saciadas su hambre y su sed y el cuidado de sus crías. Es feliz el depredador que siente su guarida segura y bien abastecida. De no ser así, el canto del ave desaparece y el depredador se agita inquieto en busca de una presa que llevarse a la boca.

Nosotros, seres humanos, somos sin lugar a duda los mayores depredadores que pueda encontrarse sobre la faz de la tierra. Devoramos y consumimos mucho más que alimentos. Nos hemos vuelto insaciables. El afán de consumo, alentado por una publicidad cada día más atrayente, insistente y agresiva, nos convierte en eternos insatisfechos y acumula en nosotros crecientes dosis de insatisfacción, carencia, frustración…; en definitiva, de dolor.

Recuerdo uno de aquellos inteligentes sketchs escritos y protagonizados para televisión española por el polifacético y controvertido Pedro Ruiz .  En él aparecía en primer término y arropado con las faldas de una acogedora mesa camilla, un matrimonio de ancianos pueblerinos. Pequeños destellos en el ambiente denunciaban la presencia, frente a ellos, de un receptor de televisión. Un voz en of, procedente de éste, afirmaba en su mensaje publicitario: “Si usted no ha disfrutado de este moderno automóvil, si no ha visitado este paradisíaco lugar, si no…, no conoce la felicidad”. Y de inmediato, la obligada pregunta, impregnada a la vez de sorpresa y de desilusión, del viejito a su esposa: “Cariño, ¿entonces, después de tantos años, no hemos sido felices?”

PUBLICIDADSon cada vez más frecuentes e intensas las llamadas de la publicidad incitándonos a conseguir y consumir productos que se nos presentan habitualmente como necesarios, en ocasiones como imprescindibles y, en su versión menos agresiva, como muy convenientes. Y la insatisfacción, la ansiedad  y el dolor que su carencia produce, permanentes. De ahí que cada día nos resulte más difícil arañarle a la vida un poco de felicidad.

El dolor se suaviza también por la sublimación. Y ésta obedece, se quiera no reconocer, a la existencia de valores que hacen más llevadero el sufrimiento. La pérdida de valores que acusa nuestra cada día más descreída y agnóstica cotidianeidad, agudiza la frustración y alimenta la agresividad, la violencia y la intolerancia, frutos indeseables pero a cada momento más presentes en el añoso árbol de nuestra envejecida sociedad.

En estos momentos difíciles en que la crisis económica y política agudiza la sensación de angustia, cansancio e impotencia, ¿cabe alguna forma de solución para no caer definitivamente en la desesperanza? Creo sinceramente que la recuperación se presenta francamente difícil. Pero confío en el movimiento pendular de la historia, y estoy convencido de que, llegados a un extremo -tocando techo si se prefiere- habremos de retornar hacia el punto de equilibrio.

Por el momento cabe reflexionar y ser conscientes al menos de la ruta a seguir: sensatez y austeridad en el consumo, defensa de los valores éticos, capacidad de esfuerzo y sacrificio, y apelación y apoyo a los valores que nos alejaron de la simple animalidad y nos condujeron en el tiempo a la racionalidad consciente, inteligente y creadora: justicia, tolerancia, apoyo y comprensión, esfuerzo diligente, proyecto ilusionado…ESFUERZO SOLIDARIO

Y una clara y contundente respuesta, desde la solidaridad y el esfuerzo compartido, ante quienes se dedicaron a pescar en el río revuelto de una sociedad convulsionada y nada quieren hacer para propiciar su regeneración. Para ellos, sólo el  agua y la sal. Y algún trozo de pan, que tampoco está bien ponernos a su altura.

¿EL SECRETO DE LA FELICIDAD?

Es la felicidad un don preciado,

la utopía por todos perseguida

y tan sólo en la Arcadia conseguida

de un sueño ingenuamente imaginado:

 

Ausencia de dolor y de cuidado,

paz, amor, alegría sin medida,

gozo, ilusión, franqueza compartida,

sin odios ni rencor disimulado.

 

Desde siempre buscamos el secreto ,

y entrevemos quizá cuál pueda ser:

gozar de los sencillo y lo discreto.

 

SER, MÁS QUE POSEER

Por el momento, habremos de tener

paciencia y empeñarnos en un reto:

dar más valor al ser que al poseer.

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3 respuestas a EN BUSCA DE LA FELICIDAD

  1. CUR dijo:

    Entiendo lo que quieres decir y lo dices muy bien.
    Me propuse no buscar la felicidad. No la busco. Creo que siempre es un añadido.

  2. Rafa dijo:

    Te quiero, padre.

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