VUELVE, POR DIOS, LOS OJOS

Oh, Dios, ¿dónde te has ido?

Resulta difícil imaginar un Dios cercano y que pueda no enterarse o, peor aún, no darse por enterado del lamentable abandono que sufren los débiles y del creciente poder de los malvados.

DESASTRE ECOLÓGICOSi las fuerzas de la naturaleza se desatan y el viento se vuelve huracanado, la tierra se resquebraja, los ríos se desbordan o el mar, desmelenado, invade las costas, es siempre a los más débiles, a los peor colocados en la carrera por la supervivencia, a quienes golpean con más fuerza, por hallarse menos a cubierto, las terribles consecuencias del desastre.

Y si la soberbia, la prepotencia, la avaricia y  la arrogancia aplastan al pobre, al marginado, a quien tuvo la desgracia de nacer en el lugar equivocado, sólo algunos heroicos visionarios alzan la voz e intentan con  esfuerzo  salir en su defensa.

¿Cómo pudiste, Dios, hacer un universo tan perfecto y dejar que el hombre lo desquicie? ¿acaso no te duele la injusticia?

Si el hombre es lobo para el hombre, arráncale los dientes. ¿Es que no quieres o es que no puedes hacerlo? No alcanzo a comprender que tamaña injusticia te deje indiferente.

El problema no es de ahora, es la historia de siempre. Preguntas como éstas, enervaron al hombre desde que el mundo es mundo, o al menos desde que del humano proceder tenemos noticia. Y siempre encontramos, para excusar tu ausencia, alguna explicación.

DIOS JUSTICIEROEn lo que nuestra mente alcanza a comprender,  ni el Dios justiciero del Viejo Testamento ni el Padre amoroso de la Buena Nueva pueden salir airosos de tanto despropósito. El bien debería imponerse, y el dolor y la privación acompañar al desalmado. ¿Por qué sólo en esa vida eterna, que el misterio nos ofrece y a la que nos abrazamos como único consuelo,  han de lograr los justos conseguir la victoria?

La paz, la equidad, el honor… deberían alcanzarse desde la voluntad decidida, el esfuerzo y la honradez. Y no ser el dolor, la humillación, la arbitrariedad y el desconsuelo el premio al sacrificio y la abnegación. Dios, te lo aseguro, el mundo se ha vuelto del revés.

Por más que intentemos sublimarlo, el dolor es dolor y el gozo es gozo. La maldad es maldad, y a ningún benéfico designio se debe atribuir que al egoísmo del especulador o al capricho del  tirano correspondan dignificar al oprimido.

Cuando hace unas semanas el Papa Benedicto XVI, máximo y directo representante de Dios ante la cristiandad, comunicó su decisión de abandonar la tarea que en su día le fue encomendada, señaló como razón de su renuncia la gran fatiga del cuerpo y del espíritu. Puede que, como Cristo en su agonía, se haya sentido abandonado y “en un mundo sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe” no haya encontrado las fuerzas suficientes para seguir luchando.

Ya en mayo de 2006, cuando visitó el campo de exterminio de Auschwitz y se detuvo a orar ante el ‘muro de la muerte’, manifestó una forma de angustia rayana en la desesperanza: “Sólo se puede guardar silencio, un silencio que es un grito hacia Dios -decía, al tiempo que lanzaba un dolorido reproche, nacido de la impotencia y de la incomprensible inhibición de Aquél a quien la fe reconoce capaz de salir al paso de la aberración humana y evitar el horror- “¿Por qué, Señor, permaneciste callado? ¿cómo pudiste tolerar todo esto?”

MARGINACIÓNHoy, cuando asistimos al triunfo de los impresentables y a la condena de los inocentes; cuando vemos  ancianos, niños, enfermos arrojados de sus casas, a una madre encerrada en prisión por tratar de aliviar el hambre de los suyos y a ladrones de guante blanco amasar impunemente su fortuna; cuando la calle se llena de cartones que arropan cada noche cuerpos ateridos; cuando el fantasma del hambre se asoma en las esquinas y una creciente masa de parados vergonzantes se suma cada día a la desesperación, hoy tengo que decirte -y bien que no quisiera-: Dios, ¿dónde te has metido? Nos hiciste a tu imagen, ¿lo recuerdas? No dejes que tu imagen se deforme y te ofenda. Pues eres poderoso, atiende a tu creación.

 ABRIENDO CAMINO

Quiero entender que Dios no se ha escondido. Que, a pesar de todo, sigue estando cerca, presente en cada criatura. Que la miseria es fruto del egoísmo humano, y que a nosotros corresponde tratar de enderezar el rumbo y buscar el camino. En cualquier caso, nunca nos vendrá mal que el Todopoderoso se digne echarnos una mano.

El poema de hoy, el que hace ya bastante años,  siendo muy joven, casi adolescente, me inspiró un día la sentida proximidad de la naturaleza y la rendida admiración ante su compleja perfección y ante quien, en el principio de los tiempos, fue capaz de alumbrarla.

MEDITACIÓN

¡Qué lejos te me has ido, mi Dios, y qué cercano!

Dicen que estás a mano,

y siempre, sin embargo, te siento tan lejano…!

Creo pisar muy firme,

y es sólo arena y polvo lo que aprietan mis pies.

¿Cuando, Señor, las alas nos nacerán al fin?

He recogido un poco de polvo del camino.

Es muy fino, está sucio, pero vive y se agita, como tú y como yo.

Señor, he comprendido: permite que mis pasos apoye sobre ti.POLVO DEL CAMINO

Deja de hacer mis alas, ya no las necesito.

Estoy, mi Dios, contigo; estás, Señor, conmigo;

el polvo del camino me dice que es así.

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