ELI, ELI, LAMÁ SABACTANI

AVESMirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros de mucho más valor que ellas? (Mateo, 6,26)

Con estas palabras, recogidas por el apóstol, quería Cristo tranquilizar a sus seguidores y apartarles de cualquier preocupación por el sustento diario y la inmediata supervivencia. En estas, como en tantas ocasiones, insistía en su predicación sobre la bondad y generosidad de Dios, un Padre lleno de humanidad, claramente ocupado y preocupado por la atención a sus hijos. El mismo Padre del que, desde la angustia de la cruz, cuestionaría los desvelos: Eli, Eli, ¿lamá sabactani? (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?) Sorprende el atrevimiento de Marcos y Mateo -que según los mismos evangelios no estuvieron presentes en el Gólgota- para incluir éste grito  rayano en la desesperación, entre las últimas palabras del Maestro.

Esta imagen de un Padre solícito y amoroso, que Cristo trató de mostrar, contrasta DIOS JUSTICIEROclaramente con la del Dios justiciero del Antiguo Testamento y con el juez riguroso e inclemente de la Contrarreforma. Hoy, afortunadamente, corren otros vientos y la Iglesia aboga por la caridad y la solidaridad, más allá del puritanismo y la tranquilidad de conciencia.  La ética, por encima del estricto dogmatismo y del protocolo  -cuando no la ampulosidad- del culto y la liturgia. Desde mi modesto entender, y sin pretender vender consejos que para mí no tengo, me parece acertado el camino.

DIOS BONDADOSOEl misterio es ingrediente común, seguramente imprescindible, en todas las religiones. La aceptación de lo incomprensible -en ocasiones de lo irracional- amparado bajo el paraguas de la fe, es moneda de uso común en la aproximación de las diferentes culturas a la divinidad, en la religación con el ser supremo que justifique los afanes y haga posible la trascendencia. La aceptación de dogmas como la Trinidad, la transustanciación o la maternidad virginal solo cabe desde la fe en la pretendida Revelación, el reconocimiento de nuestras limitaciones y el respeto a la tradición de nuestros mayores.

MARGINACIÓNY entre esos misterios, el que en este comentario nos ocupa: la evidente contradicción entre la actitud de un Dios amante de su creación y el desamparo a que parece haberla condenado. La santificación por el dolor, la virtud purificadora del sufrimiento, son argumentos que se esgrimen para justificar la tragedia a que con demasiada frecuencia se ven sometidos los más débiles, por los excesos de la propia naturaleza o por el egoísmo o la maldad de quienes tuvieron la fortuna de nacer un escalón más alto o consiguieron elevarse POBREZA EXTREMAaplastando sin miramientos la espalda de sus semejantes. Argumentos que ayudan a sublimar y aceptar con resignación la humillación y el dolor y -para mayor fortuna de quien tiene mayor fe- a encontrar en la aceptación y en el perdón la superación de la desgracia: Bienaventurados… porque los últimos serán los primeros.

La contemplación de la tragedia sacude las conciencias y desata la indignación. La  reciente catástrofe sufrida en Filipinas por los efectos del Tifón emergencia en FilipinasYolanda es una más de las injusticias a que la Naturaleza, despiadada, somete a los más débiles. Injusticia que cabría calificar de ensañamiento, pues el tifón Zoraida siguió los mismos pasos, arañando en la herida sólo días después.

Ante el espectáculo de las grandes hambrunas, de los pueblos sometidos al egoísmo especulativo y al afán imperialista, de las tierras masacradas una y otra vez por las fuerzas incontroladas de la Naturaleza, resulta inevitable sumarse al dolor de quienes lo sufren, y gritar con ellos las palabras de Jesús: Eli, Eli, lamá sabactani?

INCOMPRENSIBLE PROVIDENCIA

Se  cierne el huracán, ciego, violento,DOLOR Y DESESPERACIÓN

y sepulta a millares de inocentes;

asistimos, callados e impotentes

a  la angustia, el horror y el sufrimiento.

 

Dicen, oh Dios, que tú eres Padre atento,

que a los lirios les  vistes providente,

y a los pájaros cuidas diligente,

aunque a tu Hijo, en cruz, no diste aliento.

 

Cuando al más pobre veo abandonado

y erguido en la abundancia al poderoso,imagesCAMJBL08

reclamo tu justicia y tu cuidado.

 

¿Dónde fuiste, Señor? ¿dónde has estado?

No alcanzo a comprender que hagas dichoso

al vil y dejes que el humilde muera ahogado.

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