POR FAVOR, NO VUELVAN A HACERLO

1.GUERRA Y DESTRUCCIÓNLa historia de Abdul, podría calificarse de casicuento, ya que como relato breve e imaginado os lo refiero. Pero en el ‘casi’ está la diferencia, pues son muchos los Abdul que han sufrido y sufren cada día la hipócrita actitud de quienes dicen tender la mano y acaban arrebatando con las dos aquello que vinieron a buscar.

El dolor y la decepción que un día creí observar en Abdul y en su familia en aquella desolada Irak que los ‘salvadores’ redujeron a escombros, pueden desgraciadamente extrapolarse a muchos otros lugares, siguen haciéndose presentes allá donde el imperialismo y los intereses encontrados hacen presa. Pan, en lugar de misiles, deberíamos amasar.

En nombre de la humanidad –sí, con minúsculas- pido perdón a Abdul, a su familia y a las incontables víctimas hasta quienes llegaron y siguen llegando lobos con piel de cordero que disfrazan de ayuda humanitaria su desmedida ambición.

A quien corresponda:

Me llamo Abdul-Al-Sahir. Tengo 16 años, soy iraquí y vivo… vivía en un humilde barrio cerca del mercado, en la pequeña ciudad de Mosul, al norte de Bagdad. Tengo 16 años y estoy vivo.

1.GUERRA Y DESTRUCCIÓNNo sé si la bomba que destrozó nuestra casa y otras viviendas próximas era o no inteligente; sé que arruinó lo poco que teníamos. Y tuvimos suerte: conseguimos huir cuando sonaron las sirenas, y buscar refugio. Otros vecinos nuestros se dejaron llevar y no reaccionaron: eran ya muchas las alarmas, demasiados sobresaltos. Uno llega a acostumbrarse y acaba por no escuchar. El misil les alcanzó y destruyó sus cuerpos y sus almas: nuevas víctimas que añadir a los ‘inevitables’ daños colaterales. Rostros anónimos, con ojos que ya no podrán ver; cerebros y corazones que nunca alcanzarán las promesas del liberador, paradójicas víctimas de supuestos salvadores.

Antes de que  esta guerra comenzase, mi familia y yo llevábamos una vida normal, dentro de lo que era posible esperar. Hacía un par de meses que, acabados mis estudios en el Instituto, aprendía el oficio de mecánico-electricista en el taller de automóviles de Harud, viejo conocido de mis padres, quien me profesaba verdadero cariño y se había prometido a sí mismo hacer de mí un hombre de provecho. Ahora el taller es sólo una nave vacía, expoliada por saqueadores sin escrúpulos que han sumido al pobre Harud en una profunda depresión y han destruido mis proyectos de futuro.

Cuando al acabar el bombardeo regresamos a casa, sólo encontramos un montón de escombros sobre los que a duras penas lograban abrirse paso las ambulancias de la Media Luna Roja, que trataban de salvar lo que aún alentase en medio de tanta destrucción. Nunca imaginé que ante tamaña desgracia, ante tanta injusticia, pudiera parecer insensible: ni una lágrima, ni un grito de desesperación; sólo un sordo dolor, un profundo sentimiento de angustia y de impotencia.

Fue imposible rescatar nada de aquel montón de ruinas. Me sorprendí alzando los ojos al cielo y dando gracias a Alá por habernos permitido conservar la vida.

Mamá y el abuelo encontraron asilo en casa de nuestros tíos; mi hermana Fátima y yo2.LOS HERMANOS MAYORES fuimos acogidos por unos buenos amigos a quienes nunca podré agradecer bastante el haber compartido con nosotros las pocas provisiones que les quedaban tras el prolongado asedio.

Hace ya tres semanas que no sabemos nada de nuestro padre y de nuestros hermanos mayores. Aún me sobrecoge el recuerdo de aquella mañana en que con otros vecinos, armados de ‘kalasnikofs’, marcharon a enrolarse en las milicias, subidos en la camioneta que usábamos para el reparto de fruta; que esta era la ocupación familiar cuando aún había fruta que repartir.

4.EL ABRAZO A LA MADREUnos días después volvió a casa mi hermano mayor, Baleh, con la terrible noticia: Hassan, mi otro hermano, había caído en una cuneta, en el transcurso de una acción de guerrillas. Baleh abrazó a mi madre y volvió a la lucha. No le oí llorar ni gritar; pero recuerdo que en sus ojos había un extraño brillo, mezcla de ira, de odio y de venganza. De nuestro padre no hemos vuelto a tener noticia.

La abuela murió hace dos años, víctima de un virus corriente, que no pudimos combatir por falta de medios: en parte a causa del embargo, en parte por nuestra propia pobreza. Desde entonces el abuelo apenas habla; y ahora, con la guerra, está aún más ausente, como si  ya nada le importase, como si no le quedaran ganas de vivir.

Nos dicen que Irak es rico, que estamos sobre un enorme lago de petróleo, y que eso supone una inmensa fortuna. Por el momento, yo sólo conozco la pobreza y la necesidad. Aunque me resulta familiar el olor a petróleo quemado, que se mezcla con el azufre y la pólvora y hacen el aire  irrespirable.

Dicen que vienen días de libertad; que podremos expresarnos libremente, que seremos dueños de nuestro destino. Confío en que esta anunciada libertad haga desaparecer el hambre y podamos sobrevivir.

3.EL DOLOR DE LA GUERRAAhora que se anuncia el final de la guerra, no sé qué será de nosotros. Espero que las promesas se cumplan: que los tanques dejen su sitio a la paz, que sobre los pedestales que ocuparon las imágenes derribadas del dictador no se erijan nuevos señores.

Trato de sobrevivir. De hecho, he conseguido ya unos paquetes de galletas y un bidón de agua. Me costó trabajo, pero soy un muchacho fuerte y pude abrirme paso hasta los camiones de ayuda humanitaria. Otros, más débiles, no han conseguido tanto.

Espero que las cosas mejoren, que el aire de Iraq acabe siendo respirable, que seamos un pueblo en paz. Pido a Alá que el odio acumulado, las ansias de revancha y el deseo de venganza no aniden en nuestro corazón. Puede que esta guerra resultase inevitable para alcanzar la libertad, pero el precio resulta excesivo.

 5.NO LO VUELVAN A HACERSoy Abdul Al-Sahir, tengo 16 años y aún estoy vivo. Soy Abdul-Al-Sahir y quiero, en mi nombre y en el de mi pueblo, alzar un ruego a nuestros salvadores:

 Gracias; pero, por favor, no vuelvan a hacerlo

……………………………………………………………

Falsa nube aparece sobre el cielo;

de paloma de paz va disfrazada,

y al que espera la lluvia deseada

lo llena de alegría y de consuelo.

 

Mas no llega a posarse sobre el suelo,

pues es nube de garras afiladas,

que aguarda de la muerte la carnadaimages[10]

mientras gira  meciéndose en su vuelo.

 

Se engañó quien rogó por su venida,

pues las llamas volvieron en pavesas

la esperanza de paz tan prometida.

 

¡Alejaos, buscaos otras presas

y dejadnos vivir, porque  a la vida

no la alientan tan solo las promesas!

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