ABOLICIONISTA Y BUEN GOURMET

images[3]Aquel lustroso y ajamonado cincuentón, salió del bar de la esquina, tras disfrutar la compañía de unos cuantos amigotes, en su mayor parte también metidos en carnes y de madura o incipiente barriga cervecera. Las tertulias que mantenía cada tarde aquel grupo de fieles tertulianos, acomodados en torno al velador de mármol  bien abastecido de jarras de cerveza, cubatas, gin tonics o vermuts, eran de lo más variopinto e iban del rosa al amarillo, con frecuentes incursiones en el verde, el pardo o el marrón. En contadas ocasiones la conversación giraba sobre asuntos de verdadera entidad, y los rostros se mostraban entonces reflexivos, serios y circunspectos. Las más de las veces el tema era banal e intrascendente, y la hilaridad, la risotada y la ocurrente procacidad, el tono más común.

Aquella tarde el tema había  tenido cierta enjundia, y dado lugar a clara controversia. Los medios de comunicación se hacían eco de las medidas adoptadas recientemente por determinado Ayuntamiento, con la expresa prohibición de celebrar corridas de toros en el municipio. La ‘fiesta nacional’ era para el concejo, y para muchos de quienes apoyaron la moción, una ‘vergüenza nacional’; y mantener el espectáculo circense de sangre y de tortura, bajo el pretexto de salvar una tradición centenaria, actitud aberrante mantenida por los taurinos más recalcitrantes y –cuestión menos romántica- por quienes sacaban de aquellos festejos pingües beneficios.

Esa era también la postura de varios tertulianos, entre los que se encontraba nuestroimages[4] personaje. El resto, aún en mayoría a pesar de la que estaba cayendo, se mostraba claramente a favor del bello arte de Cúchares, y esgrimía toda clase de razones de sentido histórico, estético y emocional. Que fuesen mayoría resultaba lógico, dada la media de edad; y que esgrimiesen claro conocimiento sobre las diversas suertes del toreo y sobre la pureza de una buena faena, también. Su principal argumento –al margen del arraigo popular-, la ‘verdad’ del encuentro entre la fuerza bruta del animal y el arte, la inteligencia y la images[7]astucia del diestro. Por otra parte, frente a una muerte ciertamente dolorosa, que una lidia mal llevada podría llegar a convertir en cruel, toda una vida placentera y de cuidados en la seguridad de la dehesa. Sin contar el riesgo que asumía el ‘maestro’, y las numerosas víctimas –inevitables bajas en un duelo cruento- registradas en la historia de la tauromaquia.

Ese había sido el debate, que acabó tal y como había  comenzado. Con las mismas posturas e idéntico empecinamiento. Estaba claro que la raíz era profunda, y la balanza tardaría bastante en decidir a favor o en contra de la fiesta. Sin duda en contra, pensaba el abolicionista, mientras se dirigía a su domicilio, dispuesto a prepararse suculenta cena. Tocaba marisco, regado con unos tragos de Alvariño que antes de bajarse a la tertulia había puesto a enfriar. Se tenía por buen gourmet, y hay que reconocer que lo era, pues tenía, además de buen gusto, clara habilidad culinaria.

Ya en la cocina, remangada la camisa y protegido con el delantal de simpáticas alusionesimagesL4452JC0 eróticas, regalo de los amigos en el último cumpleaños, encendió uno de los fuegos y puso agua a hervir en una cacerola de aluminio. Luego se distrajo en trocear unos tacos de queso y de jamón que tomaría como entrantes, colocó sobre el mantel el tarro de salsa rosa y preparó cubiertos, copa y tenacillas.

imagesTUV8YUBCFinalmente, cuando el agua entró en ebullición, sacó del frigorífico la cestilla en la que se rebullían, agotados por el inútil esfuerzo en busca de una imposible liberación, dos cigalas talla XL y un bogavante de ración. Destapó la olla, y sujetando las piezas de marisco por  las patas, las fue introduciendo con cuidado, paras evitar salpicaduras. Mientras bogavante y cigalas se retorcían y conseguían asomar a la superficie espumosa unos ojos saltones que  rogaban clemencia, él se relamía pensando en el suculento bocado que en breve habría de disfrutar.imagesNIDSMITW

La imagen de la derecha resultaría un buen epílogo.

¿Algún voluntario para ponerle texto?

————-

Se indignaba el sesudo tertuliano:

acusaba a toreros y taurinos

de  insensibles, malvados y asesinos,

de trato inaceptable e inhumano.

……

Sacrificar la res para alimento

-decía- es justo y razonable;

resulta, sin embargo, inaceptable

causarle sin razón pena y tormento.

……

Argumentaba, en contra, su oponente:

es larga tradición, vieja cultura;

y enfrentar entre sí arte y bravura,

fuerza  bruta y razón, reto valiente.

……

Terminó la disputa, y los presuntos

adversarios siguieron en sus trece;

y pues tampoco el caso más merece,

volvieron cada cual a sus asuntos.

…………………………

Estaba ya el primero preparado

a cocinar en casa la pitanza,

suculento manjar para su panza:

buen marisco, con buen vino regado.

……

Puso al fuego la olla. Salivaba,

y con clara fruición se relamía,

cuando, tras comprobar que el agua hervía,

cigala y bogavante preparaba.

……

Observó que eran frescos, pues vivían,

y al agua los lanzó sin miramiento.

Pareció no inmutarle el sufrimiento

de los cuerpos que allí se retorcían.

…………………..

Sin juzgarla, que no me corresponde,

a sopesar la acción te invitaría.

Una sola pregunta yo te haría;

reflexiona, medítalo y responde:

……

¿Quién muestra más crueldad: quien en la fiesta

zahiere al animal por dominarlo,

quien por placer no duda en abrasarlo

o el que aplasta al moscón porque molesta?

————

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