AGITAR, ANTES DE USAR

¿Podemos? Claro que sí: poder, todos podemos… al menos intentarlo. Otra cosa es que queramos o que debamos hacerlo. Indignados siempre ha habido y seguirá habiendo, pues es condición humana no estar de acuerdo con aquello que otros –más conspicuos que nosotros unas veces, más lerdos otras- idean y construyen o destruyen, según se tercie.

Himages[6]ubo hace casi cuatro décadas españoles (y españolas, masculino y femenino, que no se me olvide, no vaya alguien a tildar de machista la concreción gramatical), de auténtica casta, que sin mirarse por una vez al ombligo pensaron en el bien de todos y no cedieron a la tentación de agitar la historia y buscar en la turbiedad rédito político. Más recientemente, sí hubo quien lo intentó, aunque por varias razones –ineptitud, fundamentalmente- no salió bien parado.

Señores (y señoras), ochenta años, tres generaciones de españoles ya, que por fortuna no vivimos el desastre ominoso de un enfrentamiento cainita que tiñó de sangre los campos donde sólo debería haber corrido el agua que les hiciera florecer; que llenó las cunetas de hombres y mujeres (mejor: de mujeres y hombres, puestos a ser, además de igualitarios, imagesLPC0MF3Rcorteses) de uno y otro bando. Lo de ‘bando’ me limito a expresarlo tal y como se viene utilizando, aunque personalmente este término me revuelva el estómago. Caer o pertenecer a uno u otro frente no tuvo mayor fundamento que el azar. Hubo quienes colocaron los tanques en línea, marcaron lindes con trincheras y llevaron a hermanos y amigos a luchar contra quienes habían quedado al otro lado, fuesen o no deudos, amigos o hermanos.

asesinato de Calvo Sotelo......¿Creen ustedes que esto es algo para recordar? Peor aún ¿para tratar de revivirlo? No puedo entender que queramos hacerlo. Puestos a remover, todos encontraríamos motivos para pretenderlo. ¿Que hubo un golpe de estado? Claro que sí. Y muchos otros antes, a lo largo de nuestra historia. Y seguro miliciano abatido..que quienes los protagonizaron –y los miles de ciudadanos que en su momento les aplaudieron- creyeron tener motivos para hacerlo: anarquismo, ingobernabilidad, extrema intransigencia (de esta podían hablar las víctimas masacradas por su ideología o sus creencias; o los templos, si pudiesen, devorados por el fuego del odio y la violencia).

Iluminados, iconoclastas, mesías de todo signo siempre ha habido, los hay ahora (y cómo los estamos sufriendo) y los seguirá habiendo. Habrá que contar con ello. Pero –y ahora soy yo quien me indigno- no acabemos dejándonos arrastrar por quienes pretenden volver a las andadas. No estoy en contra de que una nueva casta política antisistema se haya instalado en el sistema, lo cual puede resultar, aunque paradójico, socialmente beneficioso. Lo que me indigna –todos tenemos derecho a ello- no es que hayan cambiado la tienda de campaña por el escaño (ambos me caen bien, aunque solo sea por la españolidad que les da la Ñ, y desde los dos puede uno hacerse oír, con la autoridad moral que se tenga); lo indignante es que se ataque el fascismo con fascismo. Porque el fascismo no tiene un único color, no es de derechas o de izquierdas. Fascismo es totalitarismo. Y images[5]totalitarista es todo aquel que se cree en posesión de la verdad, se arroga la exclusiva de la moralidad, desprecia y aparta a quien no piensa, siente o sueña como él, y trata por todos los medios de taparle la boca. Se empieza por retirar de su peana la cabeza que se quisiera ver guillotinada y públicamente escarnecida, por arriar la bandera de todos e izar su preferida; se alimenta una forma de dialéctica, vacía de contenido y llena de retórica –esta siempre vende-; se promete el oro y elimagesQWQZ8Y5S moro cuando oro apenas hay y los moros asoman amenazantes por la costa; se utiliza la demagogia más descarada –que el engaño y las medias verdades también venden, sobre todo entre quienes por su menor preparación entienden con dificultad cualquier argumento pero tienen a flor de piel  el sentimiento-. Y se acaba… Dios sabe cómo se acaba, yo preferiría no saberlo.

La última, bueno, la penúltima, del Ayuntamiento de Madrid:  cambiar, por el momento y a ver qué pasa, los nombres de treinta calles madrileñas. Decisión de una parte del cabildo, para ser más exactos. Ciertamente, hemos de decirlo, la propuesta contó con los votos necesarios, gracias a que algunos, que se declaran socialdemócratas moderados, prefirieron ponerse de perfil y otros, ‘ciudadanos’ de una España que quieren renovada, debatieron en contra y votaron a favor (vivir para ver).

imagesOTB5GMWQPues señores, ¿qué les parece? ¿empezamos todos a remover? Como dije, las cunetas conocen víctimas de muy distinto signo. Y la historia está llena de episodios, de también muy variado color, que a todos avergüenzan. Si quieren nos ponemos a recordar la expulsión de los judíos, las quemas inquisitoriales, las masacres y genocidios que cada ideología, más cuanto más fundamentalista, lleva en su mochila. ¡Qué pocas placas iban a quedar en las esquinas de nuestra paciente y maltratada ciudad!

Señoras y señores (ya voy hablando mejor) concejalas y concejales: dejémonos de ‘historias’. No se les ha elegido para remover conciencias y enfrentar a los madrileños que les dieron su confianza. Se les ha puesto para que gestionen como mejor sepan –y si no saben déjense aconsejar por quienes tengan mayor experiencia o capacidad- los verdaderos problemas de nuestra ciudad. Paralizando proyectos, ahuyentando inversores, maquinando cada día una nueva ocurrencia con que sorprendernos –lo de las calles es una más, seguramente la penúltima, que en el tiempo en que redacto estas líneas, alguna otra habrán tenido- no se avanza. Eso sí: se crispa, se desestabiliza, se paraliza… se retrocede.

¡¡Podemos!!, decían. Pues que se note.

La última, ojalá, de traca: este año, en varios distritos, desfilarán Melchor, Gaspar y Baltasara. No hago comentarios. En realidad no sé si la ocurrencia simplemente me causa risa o si -creo que es más esto otro- me enerva.

…………………………………..

CON LA MIRADA AL FRENTE

 

La herida ya cerró. ¿No les parece?

Quedó la cicatriz, y al observarla

sabemos que tenemos que olvidarla,

solo al necio avivarla le apetece.

 

Con el agua fecunda, el campo crece;

la sangre lo sofoca al derramarla

y ensucia el corazón al recordarla

vertida en un recuerdo que estremece.

 

Volver la vista atrás, ¿a qué conduce

si no es para aprender de los errores?transicion_politica[1]

Delante está el afán que pretendemos.

 

Aunque a algunos buen rédito produce

remover turbiedades y rencores,

dejémosles a un lado y caminemos.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Naturaleza. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s