¡QUÉ SOLOS SE QUEDAN LOS MUERTOS

migratorias-horizontal21Hoy toca. Prácticamente cada uno de los 365 días del año trae adherida la etiqueta de una celebración comunitaria: desde el día contra el sida, al de las fuerzas armadas o al día mundial de las tortugas marinas, que -por si alguien no lo sabe y pueda estar interesado- se celebra el 16 de junio. Y hoy, 1 de noviembre –bueno, 2-de-noviembreen realidad mañana, pero razones laborales lo adelantan- es el día dedicado a nuestros difuntos. El de hoy es del día de todos los santos. Así que, vaya por delante mi felicitación a todos, sea cual fuere su onomástica. Buñuelos y huesos de santo para los que aquí permanecemos, y un sentido recuerdo para quienes nos dejaron.

Desde tiempos ancestrales la memoria de los que ya se fueron ha constituido elemento de profundo respeto, normalmente unido a la religiosidad, aunque no necesariamente emparejado con ella; hablar con respeto, con veneración incluso, de quienes nos dejaron, signo elemental de bien nacido; mencionarles de manera irrespetuosa o utilizarlos con la aviesa intención de zaherir los sentimientos del adversario, imperdonable ofensa.

7742375e92fab7bb63ebaa83a45b2175[1].jpgLa existencia de necrópolis y monumentos funerarios se remonta a la prehistoria. Sorprende en general la grandiosidad de estos y la especial dedicación con que fueron erigidos. La proximidad del recinto funerario, garantía de protección; la solidez de la naveta, la majestuosidad del talayot, la magnitud del dolmen, el crómlech o el menhir, presididos y protegidos por la colosal taula dedicada a los dioses, impresionantes.

Siempre ha existido –sigue existiendo- en el individuo el deseo de ser recordado. Nos vamos, pero aspiramos a seguir de alguna manera vivos en la mente y en el corazón de los seres queridos que dejamos y de las generaciones venideras. Y en la solidez de la piedra buscamos el mejor aliado. Hasta en esto se muestran, tristemente, las posibilidades económicas y el poder detentado: de la humilde tumba, al espectacular mausoleo o la th48pknyedgigantesca pirámide… Cada cual según sus posibilidades, en todos el deseo de subsistir, de retar en lo posible al implacable olvido a que conduce el discurrir del tiempo. Columbarios, memoriales… en la misma línea y con idéntica intención: recordar a quienes se hicieron merecedores de nuestro recuerdo.

Curiosamente, en los tiempos que corren da la impresión de que de esta, como de tantas otras cuestiones, estamos de vuelta. Parece no importarnos tanto estas formas de pervivencia. Seguramente la actitud materialista instalada en la sociedad moderna trata de mantener alejado todo elemento que inspire transcendencia: el templo sagrado, la imagen venerable, el monumento funerario. En parte por esto y en parte por egoísmo y comodidad, los cementerios se van quedando solos. El mismo egoísmo y comodidad que recluye a nuestros mayores en residencias para ancianos, desde argumentos, en no pocas ocasiones, dudosamente válidos. Resulta incómodo y poco apetecible trasladarse un rato al cementerio. Y no es plato de buen gusto encontrarse con el testimonio de una muerta cierta, que queremos sentir lejana pero que indefectiblemente llegará.

telde-llena-11Tengo, ciertamente, edad avanzada, y he vivido la transformación de costumbres y el progresivo olvido de ancestrales tradiciones. Pero me sigue sorprendiendo el ritmo con que, en progresión geométrica, estas se deterioran. Qué lejos queda lo que hace solo unas décadas era común dedicación, motivo en muchos casos de lazo o compromiso familiar: la alegre romería, la procesión solemne, la peregrinación a los monumentos del jueves santo, la misa del gallo, el encuentro en el día de difuntos en torno al sepulcro de nuestros mayores… Hoy mantenemos las celebraciones, excelente pretexto 00014680131para diseñar ‘puentes’ y cruzarlos en reivindicación de un merecido descanso. La peregrinación está ahora en las carreteras que conducen –no sin penoso esfuerzo, en muchas ocasiones apenas compensado- a la playa, el apartamento o la vivienda rural.

Cada vez vamos siendo menos quienes sentimos la necesidad de dedicar algún tiempo, al menos unas horas al año, a quienes sin duda quisimos y vamos, tristemente, olvidando. Desde luego, entre los más jóvenes, la tradición está casi perdida y llamada a desaparecer. Bueno, habrá que resignarse.

Como digo, la piedra que colocamos para albergar nuestros despojos y despertar la urna-funeraria-de-fibra-de-vidrio-rochel1memoria de los nuestros va sirviendo de poco. Recordar y ser recordado, romántica añoranza, infantil ilusión que nada material aporta. Hay que ser prácticos, señores. Nada de tumbas, nichos, panteones… antiguallas improductivas, que restan espacio, suponen inversión nada rentable y vician el ambiente. Cremación, y cenizas: menos espacio ocupado y mayor ecologismo. La artística urna de porcelana sucede al monumento funerario y –no se quejen- permite mantener la presencia reducida del finado, en el recoleto y solitario camposanto o -si se prefiere, aunque no sin cierta dosis de aprensión- en la intimidad del hogar.brote

A propósito de la ecología, permítaseme una reflexión: el polvo ha de volver al polvo, y la vida –en su constitución atómica o molecular sigue presente- a la vida. Personalmente –ya lo dije en un post anterior- me parecería lo más adecuado, y algunas tradiciones lo contemplan, enterrar al finado desnudo y en contacto directo con la tierra, para que cuanto polvo-p1antes impulse nuevas especies, en el ininterrumpido ciclo de la vida. Alimentar la tierra que nos alimenta: ¿qué mejor destino para el cuerpo que albergó nuestro espíritu? Desde luego, las cenizas, conservadas en el hogar o esparcidas románticamente en el lugar que el difunto quiso elegir o que sus allegados eligieron para él, no abonarán la tierra con igual fecundidad.

Desnudo y en contacto con la tierra, para que esta germine y brote de nuevo la vida. Pero, si no es mucho pedir, con una piedra, una cruz, lo que prefieran y menos les estorbe, dondeflores-en-la-tumba11 puedan acercarse de cuando en cuando y, al menos una vez al año, antes de cruzar el puente, dedicarme un generoso recuerdo y depositar, en el lugar en que un día vertieron una lágrima, el generoso obsequio de un sentido beso junto a -esto importa menos- una hermosa flor.

…………………………………………..

 

UN DÍA PARA EL RECUERDO

Y UN AÑO DE SOLEDAD

 

Hoy es el día de todos los santos.

Los cementerios se llenan de flores,

miles de ramos de bellos colores

cubren antiguos dolores y llantos.

 

Hoy es la fiesta, no un día de tantos.

Vamos, acudan aprisa, señores,

demos al aire fragantes olores,

nada de penas, tristezas ni espantos.

 

Pronto la rosa se agosta y se muere,

y con su aroma se va la memoria

de quien, sin duda, te quiso y te quiere.

 

Un año más se repite la historia:cementerio1

beso fugaz, compromiso que hiere

y que regala más pena que gloria.

 

Los camposantos se tornan desiertos.

¡Dios, y qué solos se quedan los muertos!

 

 

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