ENTRE TODOS LA MATARON… Y ELLA SOLA SE MURIÓ

La expresión es rotunda. El saber popular es así, contundente y directo, sin remilgos, regates ni timoratos eufemismos. Espero sepan ustedes disculpar si no resulta políticamente correcta, pero creo conviene bastante a nuestra reflexión y al comentario que de ella se desprende.

En estos días hemos sido testigos, no sin sonrojo, del giro copernicano que ha sufrido elR6.jpg testimonio -esperemos que también la opinión- de significados personajes, en torno a la figura de doña Rita Barberá, recientemente fallecida y a quien Dios tenga en su gloria. Vaya por delante nuestro más sentido pésame a sus deudos y allegados.

Ciertamente, en este nuestro país solemos tratar bien a los muertos. Lo cual no es mala cosa. Pero en ocasiones, las alabanzas y reconocimientos póstumos no impiden dejar al descubierto las vergüenzas. Y eso es lo que hemos sentido estos días ante determinadas actitudes: vergüenza ajena.

r3Vergüenza ante incalificables declaraciones de quienes niegan el pan y la sal a cuantos no pertenecen a su cuerda, y que ni siquiera son capaces de mostrar un mínimo de sensibilidad ante el dolor ajeno, si es el adversario quien lo sufre. Actitudes, como las de los Sres. Iglesias, Garzón o Monedero y las de servidores a quienes estos llevan del ronzal, que nos conducen a la náusea y arrancan de nosotros la más absoluta repulsa. Nadie les ha pedido un homenaje; simplemente, un mínimo de humanidad. Pero en esta como en muchas otras ocasiones, demasiadas ya, parecen quererse instalar en nuestra quebrantada sociedad el despropósito, la grosería y la más deleznable zafiedad.

Y vergüenza ajena ante quienes fueron capaces de negar a la amiga y compañera y darle lar2 espalda; de salir huyendo hacia la orilla y dejarla a merced de las olas cuando sombras de tormenta asomaban en el horizonte. Ahora parecen lamentarlo, y quiero creer que su tristeza obedezca a un honroso sentimiento de culpa, y no al temor de que el oleaje producido por los recientes acontecimientos luctuosos pueda de nuevo salpicarles.

Hace algunas décadas, cuando la ignorancia de las gentes era mayor y los conocimientos sobre medicina más exiguos, se hablaba de ‘cólico miserere’, ante un episodio de irremediable peritonitis; de un ‘ataque al corazón’, para referirse a lo que hoy conocemos como ‘infarto de miocardio’. Y de ‘morirse de pena’, cuando una crisis depresiva ganaba la batalla al corazón.

r4Doña Rita Barberá se ha muerto de pena. Ciertamente se trataba de una persona de edad, y seguramente no gozaba de una salud de hierro. Su corazón no tenía el vigor y resistencia que da la juventud. De otro modo, es muy posible que hubiera resistido. Pero a nadie se le escapa que han sido muchos los golpes recibidos, de mano de quienes no han perdido ocasión de zaherir su integridad psíquica y moral siempre que han creído encontrar el mínimo resquicio para hacerlo. Pero todo hubiera resultado más soportable si quienes por afinidad política estaban en su campo, quienes habían acompañado con euforia sus éxitos y habían saltado al unísono con ella en el balcón del ayuntamiento, movidos por el entusiasmo popular y los honores que entonces recibía, ahora la hubieran arropado.

Es lugar común que la llamada ‘izquierda’ política siempre se ha arrogado, seguramente R7.jpgsin causa suficiente, cierta superioridad moral. Cuestión, sin duda, discutible. Pero en lo que manifiestan clara superioridad y nadie puede negar a quienes militan en ella, es la de hacer causa común con quien, siendo de los suyos, se encuentra en entredicho. Algo tendrían que aprender en este sentido determinados grupos políticos. La calle es de todos; todos tienen igual derecho a alzar la voz y hacerse oír, cuando la razón asiste y la integridad personal o de grupo se siente amenazada. Restringir la denuncia a debates políticamente correctos, en medios y círculos afines, no es -está sobradamente demostrado- bagaje suficiente.

No es de recibo la doble vara de medir que se ha instalado en nuestra sociedad. No es de justicia que se sacrifique a determinadas personas y se las utilice como chivo expiatorio para tranquilizar la opinión pública y mostrar aparente rectitud en la aplicación de la justicia, mientras delincuentes de guante blanco permanecen tranquilos en casa, respaldados por cuentas millonarias y al abrigo de cualquier juicio mediático. Ojalá la r5sacudida emocional que ha significado la muerte de doña Rita sirva para concienciar a una sociedad, que se dice protegida por un estado de derecho, sobre la necesidad de mantener la presunción de inocencia; y a los representantes de la ‘nueva política’ a no ejercer de redentores y a bajar el listón de la exigencia. No se puede, al menos no se debe, descalificar y degradar a nadie por el mero hecho de ser objeto de denuncia, ni -si me apuran- por la sola imputación. Son demasiadas las personas que han visto mermado o destruido su honor, su dignidad y su posición social por denuncias o querellas falladas a favor o sobreseídas. Tengamos, se nos debe a todos, un mínimo de sensatez. Yo pido para mí y para los míos, para mi país, una sociedad equilibrada: ni laxitud y permisividad tales que conduzcan a la injusticia y el desorden, ni una actitud inquisitorial que condene al individuo antes de juzgarlo. Más, si esta condena no tiene otro objetivo que mostrar ante posibles electores un rostro aparentemente inmaculado o la imagen de salvador justiciero que obtenga dividendos en las urnas.

Entre todos la mataron y ella sola se murió. Sola, sí, en la más absoluta soledad, aunque se viera permanentemente envuelta por cámaras, acosada por paparachis o supuestos vindicadores, o  en circunstancias ocasionales, de viejas espaldas conocidas. No es precisamente la espalda quien puede ser capaz de mostrar el gesto amigo que dice proteger y acompañar.

………………………………………..

¡Hosanna! y ¡Crucifige! son gritos que se escuchan,

Incomprensiblemente, de las mismas gargantas,

para encumbrar a aquellos a quienes concedimos el máximo respeto

y luego colocamos al pie de los caballos.

Nadie es jamás tan bueno que pueda merecerse la máxima indulgencia,

ni tan abominable que haya de ser lanzado, sin redención posible, a las tinieblas.

 

Siempre habrá quien ejerza de chivo expiatorio

y cargue en sus espaldas la culpa que a todos avergüenza.

Se verá acorralado, y llevado en volandas al pie del tabernáculo,

para servir de víctima e inclinar a los dioses a que sean propicios.

Serán sus pensamientos su sola compañía,

y solo ante sí mismo actuará su inocencia de firme valedor.

No eran losas de piedra sino arenas y barro

el suelo que pisaba y al fin le salpicó.

 

Aquellos que otro tiempo estuvieron sentados a su mesa,

que felices vivieron gozando su favor,

y que votos hicieron y luchar prometieron por una misma causa,

hoy ocultan sus rostros, se apartan y se agachan,

y niegan al amigo que en el ara se afana

por evitar las burlas, la angustia y el dolor.

 

¡Hosanna!, ¡Crucifige!, son voces que acompañan

al que ofició de amigo y luego fue ignorado,

que otorgan los honores y luego los empañan

según sean los vientos favorables, se aproxime el tornado

o la calma prometa prosperidad y honor.

 

Hoy la víctima se alza, al pie del sacrificio.

No reclama clemencia ni se humilla para implorar perdón.

Solo pide justicia de quienes la proclaman,jesus%20cordero%20de%20dios1

se erigen en profetas y limpios redentores

y esconden y protegen, a cambio de favores,

a pérfidos, malvados, felones y ladrones

que por sus malas artes, mentiras y traiciones

se hicieron acreedores al desprecio,

la ausencia de piedad y el deshonor.

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Una respuesta a ENTRE TODOS LA MATARON… Y ELLA SOLA SE MURIÓ

  1. Ramiro Duque de Aza dijo:

    Dices bien que los de la izquierda se ayudan entre sí y que en eso llevan una buena ventaja a los que dicen militar en otros campos mejores, que hasta se creen buenos servidores del templo como sacerdotes o levitas. Pasan, estos, de largo… ya ves.
    En el juicio de Dios, cuando trace la raya para sumar, su adición o suma será aritmética: Rita Barbera tiene mucho peso ante Dios porque hizo mucho y bien hecho. A los políticos del talento en el pañuelo, ya sabes, se les quita el talento. Lo viene diciendo un tal Ramiro en AFDA.

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