MEDICE, CURA TE IPSUM

“No te acerques, que me tiznas”, dijo a sartén al cazo. Estaba tardando el señor Maduro en pronunciarse. Lo ha hecho, a favor de los independentistas catalanes, imagesUHOVNRDJaunque escondido tras su hombre de confianza, Jorge Arreaza, otrora vicepresidente y desde hace tres meses Canciller de la “república bolivariana”. “Esperamos –dice este en un reciente tweet- que el gobierno español respete los derechos humanos y políticos de los presos de conciencia y que la democracia se imponga”.

De “presos de conciencia”, seguro que entiende bastante el personaje: presos de la mala conciencia de sus dirigentes están los miembros de la oposición a los que desde hace años mantiene amordazados y silentes el gobierno venezolano. Y sujetos como este se atreven a dar lecciones de ética política. ¿Habrase visto tamaño desahogo?

Claro que era de esperar. Ya se sabía que el señor Maduro y su cohorte apareceríanECHENIQUE_NoticiaAmpliada[1] entre los contados defensores que los secesionistas catalanes tendrían en el ámbito internacional. Bastaba mirar hacia quienes, asesores primero y defensores después de los políticos bolivarianos, siguen sus pasos y tratan de implantar parecidas políticas en nuestro país. Auténtico cáncer que, a la vista está, ha comenzado a roer nuestras instituciones. Estos, los señores –y señoras, faltaría más- Iglesias, Echenique, Colau, y un largo etcétera, hablan de presos políticos, y de golpe a la democracia.

No invirtamos los términos. Golpe a la democracia, desde luego. Claramente golpistas quienes, desde el desprecio a las leyes e instituciones establecidas, tratan de secuestrar la voluntad de los españoles y de resquebrajar su integridad. Y quienes hoy están imputados por ello –no confundamos- son políticos presos, no presos políticos.

OUE2JD4WNo consigo entender –y os aseguro que lo intento- cómo se compadece el declararse independientes y al margen de las leyes e instituciones españoles, con el hecho de, a renglón seguido, autoproclamarse candidatos a las elecciones autonómicas convocadas por el propio Estado español. Una contradicción más que añadir a las actuaciones falsarias a que nos tienen acostumbrados.

Tengo el convencimiento de que la fuerza de la ley y la firmeza del Estado en defenderla acabarán imponiéndose sobre quienes mantienen su sueño independentista y sobre quienes, por espurias razones, bastante alejadas de las que demagógicamente esgrimen, tratan de amparar sus veleidades en el separatismo y alejar el riesgo de actuaciones judiciales que desde hace años –por el tres por cent o por otros inconfesables motivos- vienen persiguiendo a algunos próceres que les amparan y jalean.

Desde mi condición de español, me duele el daño que toda esta sinrazón está infligiendo a Cataluña. “Me duele España”, decía Unamuno. Nos duelen a todos los images5NMPGEI8españoles el acoso, las vejaciones, el ninguneo a que los catalanes constitucionalistas se han visto sometidos durante décadas. Nos duele ver cómo se instrumenta la educación para un manifiesto e inadmisible adoctrinamiento. Nos duele presentir el progresivo deterioro social y económico de una región española que todos hemos mimado –desde luego no esquilmado- y que se encamina hacia una severa recesión y, lo que es aún peor, al enfrentamiento entre amigos y hermanos.

Cataluña viene siendo desde hace semanas asunto monotemático en los medios de comunicación y en tertulias y conversaciones. Es raro el minuto en que no recibo por WhatsApp mensajes relacionados con lo que está sucediendo en Cataluña: sesudas reflexiones y sentidas emociones, algunas; hilarantes memes y grotescas humoradas, las más. Resulta muy triste todo ello, por mucho que tratemos de encontrar en el humor una válvula de escape que alivie la indignación y la preocupación que nos invade.

españaConfiemos, repito, en que se impondrá la fuerza de la razón. Brindemos nuestro decidido apoyo a los catalanes de buena fe. Y a los ‘salvapatrias’ que siempre aparecen, particularmente en momentos críticos como el que ahora sufrimos, y que desde dentro o fuera de nuestras fronteras reclaman derechos que ellos mismos pisotean, conviene recordarles lo que ya los romanos esgrimían como sabio consejo: Médico, cúrate a ti mismo.

………………………………………

¡Aparta!, le dijo la sartén al cazo.

¡Anda más aprisa!, el cojo ordenaba

al que por delante firme caminaba,

y a quien, por envidia, sujetaba el brazo.

 

Del otro en el ojo veía un pedazo

de delgada paja, quien tan ciego estaba

que la enorme viga que el suyo albergaba

de rencor y odio, a ver no alcanzaba.

 

Sucede a menudo que algunos tipejos,

que por sus defectos callarse debieran,personalidad[1]

sin empacho alguno regalan consejos.

 

Más les convendría, si seso tuvieran

y en vez de orejeras usaran espejos,

seguir el consejo que a otros les dieran.

 

 

 

 

 

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