MEDICE, CURA TE IPSUM

“No te acerques, que me tiznas”, dijo a sartén al cazo. Estaba tardando el señor Maduro en pronunciarse. Lo ha hecho, a favor de los independentistas catalanes, imagesUHOVNRDJaunque escondido tras su hombre de confianza, Jorge Arreaza, otrora vicepresidente y desde hace tres meses Canciller de la “república bolivariana”. “Esperamos –dice este en un reciente tweet- que el gobierno español respete los derechos humanos y políticos de los presos de conciencia y que la democracia se imponga”.

De “presos de conciencia”, seguro que entiende bastante el personaje: presos de la mala conciencia de sus dirigentes están los miembros de la oposición a los que desde hace años mantiene amordazados y silentes el gobierno venezolano. Y sujetos como este se atreven a dar lecciones de ética política. ¿Habrase visto tamaño desahogo?

Claro que era de esperar. Ya se sabía que el señor Maduro y su cohorte apareceríanECHENIQUE_NoticiaAmpliada[1] entre los contados defensores que los secesionistas catalanes tendrían en el ámbito internacional. Bastaba mirar hacia quienes, asesores primero y defensores después de los políticos bolivarianos, siguen sus pasos y tratan de implantar parecidas políticas en nuestro país. Auténtico cáncer que, a la vista está, ha comenzado a roer nuestras instituciones. Estos, los señores –y señoras, faltaría más- Iglesias, Echenique, Colau, y un largo etcétera, hablan de presos políticos, y de golpe a la democracia.

No invirtamos los términos. Golpe a la democracia, desde luego. Claramente golpistas quienes, desde el desprecio a las leyes e instituciones establecidas, tratan de secuestrar la voluntad de los españoles y de resquebrajar su integridad. Y quienes hoy están imputados por ello –no confundamos- son políticos presos, no presos políticos.

OUE2JD4WNo consigo entender –y os aseguro que lo intento- cómo se compadece el declararse independientes y al margen de las leyes e instituciones españoles, con el hecho de, a renglón seguido, autoproclamarse candidatos a las elecciones autonómicas convocadas por el propio Estado español. Una contradicción más que añadir a las actuaciones falsarias a que nos tienen acostumbrados.

Tengo el convencimiento de que la fuerza de la ley y la firmeza del Estado en defenderla acabarán imponiéndose sobre quienes mantienen su sueño independentista y sobre quienes, por espurias razones, bastante alejadas de las que demagógicamente esgrimen, tratan de amparar sus veleidades en el separatismo y alejar el riesgo de actuaciones judiciales que desde hace años –por el tres por cent o por otros inconfesables motivos- vienen persiguiendo a algunos próceres que les amparan y jalean.

Desde mi condición de español, me duele el daño que toda esta sinrazón está infligiendo a Cataluña. “Me duele España”, decía Unamuno. Nos duelen a todos los images5NMPGEI8españoles el acoso, las vejaciones, el ninguneo a que los catalanes constitucionalistas se han visto sometidos durante décadas. Nos duele ver cómo se instrumenta la educación para un manifiesto e inadmisible adoctrinamiento. Nos duele presentir el progresivo deterioro social y económico de una región española que todos hemos mimado –desde luego no esquilmado- y que se encamina hacia una severa recesión y, lo que es aún peor, al enfrentamiento entre amigos y hermanos.

Cataluña viene siendo desde hace semanas asunto monotemático en los medios de comunicación y en tertulias y conversaciones. Es raro el minuto en que no recibo por WhatsApp mensajes relacionados con lo que está sucediendo en Cataluña: sesudas reflexiones y sentidas emociones, algunas; hilarantes memes y grotescas humoradas, las más. Resulta muy triste todo ello, por mucho que tratemos de encontrar en el humor una válvula de escape que alivie la indignación y la preocupación que nos invade.

españaConfiemos, repito, en que se impondrá la fuerza de la razón. Brindemos nuestro decidido apoyo a los catalanes de buena fe. Y a los ‘salvapatrias’ que siempre aparecen, particularmente en momentos críticos como el que ahora sufrimos, y que desde dentro o fuera de nuestras fronteras reclaman derechos que ellos mismos pisotean, conviene recordarles lo que ya los romanos esgrimían como sabio consejo: Médico, cúrate a ti mismo.

………………………………………

¡Aparta!, le dijo la sartén al cazo.

¡Anda más aprisa!, el cojo ordenaba

al que por delante firme caminaba,

y a quien, por envidia, sujetaba el brazo.

 

Del otro en el ojo veía un pedazo

de delgada paja, quien tan ciego estaba

que la enorme viga que el suyo albergaba

de rencor y odio, a ver no alcanzaba.

 

Sucede a menudo que algunos tipejos,

que por sus defectos callarse debieran,personalidad[1]

sin empacho alguno regalan consejos.

 

Más les convendría, si seso tuvieran

y en vez de orejeras usaran espejos,

seguir el consejo que a otros les dieran.

 

 

 

 

 

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EN HOMENAJE A LA BANDERA

“No hay mal que por bien no venga”, asegura la sabiduría popular. Y parece que, una vez más, hay que dar la razón al refranero. De mal sobrevenido hemos de calificar el intento de secesión protagonizado por los independentistas catalanes; y de bien provechoso, sin duda no pretendido por quienes lo secundan, la reacción patriótica que ha provocado.

BANDERASLos símbolos son algo más que su significante: importa el significado que comportan; bandera e himno representan el sentir de un pueblo, y en ellos se identifican raíces, historia, cultura, y proyectos de una colectividad.

He de reconocer –creo que no seré el único en hacerlo- la sana envidia que produce comprobar el respeto que gentes de otros países manifiestan hacia sus símbolos nacionales, el orgullo con que muestran su bandera y el énfasis que ponen a la hora de interpretar su himno, dentro y fuera de casa.

Hace unas décadas, en los inicios de la transición, grupos de la derecha radical trataronCaso-Blanquerna-El-abogado-de-Sánchez-Llibre-fue-simpatizante-de-Fuerza-Nueva-en-Barcelona[1] de apropiarse nuestra bandera, la que a todos nos representa, e hizo que quienes la ondeaban sin empacho alguno en mítines o manifestaciones llevaran a identificarla por muchos como símbolo fascista. Aunque en descargo de quienes así lo sintieron, conviene hacer constar que la que entonces se esgrimía por tales grupos extremistas exhibía, sobre el rojo y gualda, un escudo identificable con el régimen dictatorial que dejábamos atrás. Lo que para quienes no vivieron aquellos años resultará, sin duda, sorprendente, ha revertido, afortunadamente, con el desarrollo de la democracia y hoy es el escudo constitucional quien preside nuestra bandera.

DOCU_GRUPOPero la eclosión que en estos días está teniendo lugar, la proliferación de banderas en calles y balcones, la emocionada exaltación con que se ven ondear, habrá que agradecérselas a los secesionistas; como habrá que atribuir a una clara reacción a su propósito separatista la abierta exaltación del sentimiento patriótico y el manifiesto respaldo de instituciones nacionales e internacionales al estado de derecho y al marco constitucional. Es de esperar que todo ello suponga una eficaz vacuna contra el virus independentista que en ocasiones trata de asomar y que permanece latente en determinados ámbitos políticos.

Vaya con este poema mi tributo y homenaje hacia nuestra bandera.

Es la bandera símbolo que encierra

la historia y la cultura que mamamos,

la gloria y el honor que conquistamos,

las raíces que hundimos en la tierra.

 

Respeta a las demás, y no destierra

los derechos de pueblos soberanos

que prefiere en la paz sentir hermanos

a enfrentarse con ellos en la guerra.

 

Ondearán mil banderas en balcones2243017_0.jpg[1]

con la enseña, por todos respetada,

de mil pueblos, comarcas o regiones.

 

Mas no pretenderá ser aceptada

la que quiere apartar y hacer jirones

a aquella que merece ser honrada.

 

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QUISIERA SER TAN ALTO COMO LA LUNA

“Quisiera ser tan alto como la luna

-cantábamos a coro, cuando pequeños-

para ver los soldados de Cataluña”.

 

imagesCQSY6P2PCerrábamos los ojos, y los soñábamos:

elegantes, valientes, firmes, dispuestos,

cubiertos de entorchados que relucían;

la frente levantada, los ojos quietos,

las miradas al frente, músculos tensos como ballestas…

¡Ay, qué envidia que daba verles, y qué respeto!

“Quisiera ser como ellos, ¿me dejas, madre?

Qué suerte si pudiera ser como ellos”.

 

Los tiempos han cambiado. Ya no se escuchan

canciones infantiles, niños riendo,

jugando en corro;

diábolos, cariocas, combas,

cometas de colores volando al viento…

Aquellas ilusiones son sueños rotos,

hoy los niños caminan a ras del suelo;

aquellos admirados héroes de entonces,

-próximos y lejanos al mismo tiempo-

que los “malos” temían, y que los “buenos”

emulábamos juntos en nuestros juegos,

se han convertido

en soldados oscuros, toscos, cubiertosafp_20171001_093320581[1]

de petos y de escudos,

a veces asustados, a veces fieros,

y en ocasiones –quién lo dijera-

retrocediendo.

¿Qué fue de aquella imagen de nuestros sueños?

¿Qué mundo les legamos a nuestros nietos?

Banderas enfrentadas, odios, rencores…

Y falsarios que enturbian el pensamiento

y al servicio de intereses espurios

manejan a su antojo los sentimientos.

 

Quiero soñar de nuevo: volar muy lejoshombre-mirando-a-la-luna-atardecer1[1]

y, desde la luna,

volver a ver de nuevo

a mis viejos soldados de Cataluña.

 

 

 

 

 

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NO DESESPERES

“Menos mal que no me quedan muchos años”. Esto me comentaba hace poco un buen amigo a punto de cumplir la setentena. Seguro que lo decía con la boca pequeña, y que, llegado el momento, no desearía ver asomar la parca por su puerta. Pero creo que la expresión, nacida del subconsciente, pone de manifiesto el hartazgo a que se puede llegar cuando te niegas a cerrar los ojos y observas, con mediano detenimiento, la situación en que te encuentras.

MediaHandler[1]No se trata de la natural nostalgia sobrevenida con el peso de los años, que también, sino del marasmo y la impotencia sobrevenida y que te impide actuar con la eficiencia que hubieras deseado. Observas la crisis de valores, la volubilidad de los principios y la actuación acomodaticia –o en el mejor de los casos la impericia- de quienes dirigen la nave en que estamos embarcados y en cuyas manos hemos puesto el timón. No acabamos de ver con claridad el rumbo y presentimos una dura y peligrosa marejada. Nos preocupa, más por quienes zarparon no hace mucho y tienen por delante larga singladura que por quienes más pronto que tarde arribaremos a la orilla.

Parece imposible que después de siete décadas vividas no acabe uno de perder la capacidad de sorprenderse. Ayer visioné en la televisión una secuencia que se ha hecho viral, que seguramente conoceréis y que imagino os habrá estremecido tanto como a mí. Ocurrió el pasado abril en la ciudad china de Zhumadian: un taxi atropella imagesMFG939WDviolentamente a una señora en un paso de peatones y prosigue su marcha, dejando a la mujer tendida en la calzada. Varios automóviles transitan en uno y otro sentido, y distintos peatones atraviesan la vía, sin que nadie parezca percatarse de la trágica situación. Un segundo automóvil acaba pasando por encima a la mujer herida, que acaba volteada como un muñeco de trapo. Sólo entonces la conductora de este segundo vehículo se detiene y acude parsimoniosamente a interesarse por aquella. La explicación –que no la justificación- de tales actitudes la encuentran algunos en una incomprensible normativa que amenaza al potencial samaritano con responsabilidades legales y económicas que no tendría por qué asumir.  En cualquier caso, situaciones como esta ponen de manifiesto la creciente deshumanización, fruto de la crisis de valores y principios a los que hacíamos referencia.

imagesDNN9FUGNSin ir tan lejos y observando nuestro entorno más próximo, preocupa una sociedad en la que alguien es capaz de identificar al ladrón y estafador con el propio Dalai Lama; se tilda de despótico y antidemocrático, por espurios intereses, el respeto a la legalidad; se niega el homenaje al héroe en su propia ciudad natal; se insulta sin pudor al adversario, y quien es protagonista de claras corruptelas esgrime como arma arrojadiza la misma corrupción.

Es triste, decíamos al comienzo, llegar a desear que alguien nos cierre los ojos y nos permita perder de vista tanto despropósito. No es ya la marejada que nos zarandea, sino la tempestad que presumimos se avecina y en la que de ningún modo quisiéramos ver envuelta a nuestra descendencia.

La experiencia nos dice, sin embargo –en repetidas ocasiones lo he comentado- que el movimiento de la historia es pendular, que la humanidad avanza y que un balance global y equilibrado desmiente el dicho popular de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Apelo a la esperanza, que nunca ha de perderse, y espero y deseo que la aguja de marear –a pesar de los vaivenes que ahora nos inquietan y preocupan- acabe por encontrar y fijar un rumbo acertado.

………………………………………………..

Es fuerte la tormenta y duro el oleaje;imagesMWUUVLC3

el cielo se emborrona con nubes de ceniza;

gira el timón, sin rumbo, a merced de los vientos

y soy zarandeado de babor a estribor.

Asomo por la borda buscando el horizonte,

y el agua, en mil cristales, me salpica la cara,

me ciega, me entorpece,

me arrastra por cubierta

y acabo trompicando como un pelele inútil.

Me esfuerzo por erguirme, por sostenerme en pie;

el mástil, que fue firme, ya cruje y se estremece;

el velamen se torna paño leve y ajado,

incapaz de tensarse para empujar la nave

que marcha a la deriva.

 

Me dijeron mil veces que nunca desespere,

que los vientos amainan después de la tormenta

y ha de llegar la calma tras de la tempestad.imagesT0H9FYJH

No he de hundir la cabeza ni darme por vencido:

buscaré entre la bruma la luz que ha de salvarnos;

me mantendré en cubierta, de pie, firme y alerta;

amarraré mis brazos, mis piernas y mi alma

con jarcias de esperanza, de fe en la humanidad.

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FELICIDADES, PAPÁS

dia_del_padre_2[1]Hoy es el día del padre. Y lo es, como el de la madre, desde mucho antes que el calendario se cubriese de fechas conmemorativas o reivindicativas. Por cierto, nos haría falta un nuevo Josué que ralentizase la marcha de los astros, para añadirle al año algunos días más; o muchas reivindicaciones se quedarán sin fecha.

Felicidades a todos los ‘papás’. La ocasión lo merece. No estará de más que quienes contamos entre nuestras prerrogativas la vitola de padre de familia, celebremos esta condición que, sin duda, nos honra. Ser padre no es cualquier cosa, es uno de los principales estímulos en esta difícil singladura salpicada de exigencias que es la vida. Condición, la paternidad, que fortalece la relación de pareja, da sentido al esfuerzo mantenido, prolonga nuestra existencia y nos procura permanecer en el recuerdo de la colectividad, al menos un par de generaciones.

Hoy es un buen día para la reflexión. La mía, en forma de acróstico es la que sigue, y que recoge, sin ánimo de intentar ser exhaustivo, cinco factores de cualquier paternidad responsable.

flat,800x800,075,f[1]rotección. Imprescindible en los primeros años, necesaria a lo largo del desarrollo de los hijos, y nunca desdeñable. Estar al quite y echar un capote, siempre que se nos solicite; o, si la ocasión lo exige, antes incluso de que se nos requiera.

cut-out-vinyl-letter-a_large[1]mistad. Difícil tarea, la de ganarse el afecto de los hijos y conjugar con medida cariño y respeto. Amigos, no ‘amiguetes’. El amiguete aplaude siempre, comparte saraos y aventuras, está siempre en las maduras y difícilmente se le encuentra en las duras. El amigo nunca se esconde; advierte del peligro; y aplaude, corrige o vitupera, con la necesaria franqueza.

letter_d_by_hillygon-d9j3muk[1]iálogo. Pasaron, a Dios gracias, los tiempos en que el padre no entraba en el mundo del hijo, por temor a que ponerse a su altura le hiciera más pequeño. El hermetismo, la actitud hierática y distante no hacen al padre mejor ni mayor.

flat,800x800,075,f[1]eferencia. Vivimos una sociedad que parece haber optado por dejar al margen cualquierlimites-de-padres[1] valor que no sea el progreso personal. Tenemos un patrimonio familiar que mantener, y que no es precisamente material. Seamos para nuestros hijos clara referencia de principios éticos, morales y –si somos creyentes- religiosos.

ught-iron-house-letter-e-LET-E-2[1]jemplo. Y seamos, intentémoslo al menos, imagen clara de esos referentes. Nada más honroso y satisfactorio para un padre que ser el espejo en que los hijos se miren para ver plasmadas en la realidad aquellos principios y valores que procuramos transmitirles.

…………………………………….

Es la madre quien sufre el embarazo,

quien soporta del parto los rigores

y entre espasmos, gemidos y dolores

recibe a la criatura en su regazo.

 

Es también quien le da el primer abrazo,

lo amamanta, lo arropa en sus calores,483[1]

lo cubre de caricias y favores

y estrecha entre los dos un fuerte lazo.

 

Pero también el padre es arte y parte

del honor de alumbrar la nueva vida

y de haber de velar por que prospere.

 

Eres padre, tu hijo te requiere;

tu atención responsable y mantenida

le enseñará a quererte y respetarte.

………………………………….

 

Responsabilidad y honor, los de ser padre.20090316170730_mans220jpg[1]

Protege la semilla que sembraste:

florecerá la rama que cuidaste,

y ‘abuelo’ será un nombre que te cuadre.

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¿HASTA CUÁNDO, SEÑORES?

Es actitud frecuente, a la hora de aceptar o eludir responsabilidades, y ante la evidencia del tropiezo, echar la culpa al empedrado. Todo menos admitir el error.

A nadie puede extrañar que las promesas electorales queden, en mayor o menor medida, sin cumplir. Forma parte del juego político. Tampoco, que muchos proyectos, nacionales, 1481657469_443026_1481658372_noticia_normal1autonómicos o locales, acaben quedándose en el tintero. Pero resulta difícil explicar que al menos un 40 por ciento del presupuesto municipal –cifra reconocida, que en buena lógica será en la realidad bastante mayor- de nuestra querida Capital, haya quedado, a lo largo del 2016, sin ejecutar.

Entendemos que la buena administración no consiste solo en reducir gastos, sino muy principalmente en saber gestionar los dineros. Y hay que suponer que cuando se hicieron los presupuestos para el año que acaba de concluir, trataron de ajustarse a las necesidades de Madrid y de los madrileños. O así nos lo vendieron, porque esta es la razón fundamental por la que religiosamente apoquinamos cada año nuestra contribución. ¿O va a resultar que más de la mitad del esfuerzo económico requerido resultaba innecesario?  Bueno, en este caso es posible que en el 2017 no haya que contribuir en absoluto, sino que los gastos se cubran con el sobrante del anterior ejercicio. Mucho me temo, y con toda seguridad también ustedes, que no va a ser así.

Desajuste en los presupuestos, ejemplo de clara incompetencia, el que ofrecen los actuales 11rectores de nuestra ciudad, y que, tristemente, es solo un claro ejemplo que hace patente la impericia –no me atreveré a decir la incapacidad- de algunos de los dirigentes –espero que solo algunos- de nuestro país.

El cielo de la política es cambiante y difícilmente previsible. No es raro ver aparecer negros nubarrones en el horizonte, que amenazan tormenta y que a buen seguro acabarán remojándonos. Se les ve venir. Pero estamos tan deseosos de ver amanecer, que preferimos ignorarlos. No perdemos la esperanza, y continuamos expectantes: algún resquicio habrá por el que logre hacerse paso un rayo de esperanza. Siempre cabe esperar una ráfaga de luz que consiga deslumbrarnos; otra cuestión será la consistencia de la fuente en la que nazca. Y esto solo el paso del tiempo lo habrá de dejar al descubierto.

Hemos vivido años de escepticismo y desconfianza. La ilusión de la naciente democracia se ha ido debilitando, como se ensombrece la euforia del adolescente y del joven al llegar la madurez. Es normal que así sea, y que afloren la rutina o el cansancio, excelente caldo de cultivo para el populismo y la demagogia.

Prometer es fácil; comprometerse, no tanto. En los tiempos que corren es fácil dejarse images7cautivar por cantos de sirena que ofrecen soluciones fáciles y novedosas a viejos y complejos problemas. Es preciso estar en guardia y buscar el equilibrio. Ni la extrema sensatez que conduce al inmovilismo, ni la pretendida revolución que acaba arrasando lo que se construyó con esfuerzo.

Afortunadamente, el tiempo da y quita razones y acaba poniendo a cada cual en su lugar. Va siendo hora de hacer balance y sopesar lo conseguido. Adiós a los desahucios, a la corrupción, a los privilegios, al nepotismo y el amiguismo, a la indigencia, a la suciedad, al postureo…, escuchábamos camino de las urnas. Muchos lo creímos, necesitábamos creerlo.consejo_ciudadano_de_podemos-pablo_iglesias-inigo_errejon-espana_113999787_3164422_1706x9601

Mientras el tiempo corre y persiste la niebla, y mientras nuestros políticos buscan acomodo y se tiran los trastos a la cabeza, dentro y fuera de casa, seguiremos mirando al cielo y esperando. ¿Hasta cuándo, señores?

………………………………………………..

Buscar el bien común es fin loable;

denunciar la opresión y perseguirla,

reclamar la justicia y exigirla,

es labor meritoria y respetable.

 

Pero no será digno ni encomiable

sembrar falsa esperanza y esgrimirla

ante quien necesita recibirla,

pues no detiene el hambre el gesto afable.

 

Siempre ha habido en la historia salvadores

que vienen a mostrar su rostro amableimages7phwulq0

y a ofrecernos sus brazos redentores.

 

Mas nunca será digno ni honorable

tender la mano a cambio de favores:

servirse y no servir, es despreciable.

 

 

 

 

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ENTRE TODOS LA MATARON… Y ELLA SOLA SE MURIÓ

La expresión es rotunda. El saber popular es así, contundente y directo, sin remilgos, regates ni timoratos eufemismos. Espero sepan ustedes disculpar si no resulta políticamente correcta, pero creo conviene bastante a nuestra reflexión y al comentario que de ella se desprende.

En estos días hemos sido testigos, no sin sonrojo, del giro copernicano que ha sufrido elR6.jpg testimonio -esperemos que también la opinión- de significados personajes, en torno a la figura de doña Rita Barberá, recientemente fallecida y a quien Dios tenga en su gloria. Vaya por delante nuestro más sentido pésame a sus deudos y allegados.

Ciertamente, en este nuestro país solemos tratar bien a los muertos. Lo cual no es mala cosa. Pero en ocasiones, las alabanzas y reconocimientos póstumos no impiden dejar al descubierto las vergüenzas. Y eso es lo que hemos sentido estos días ante determinadas actitudes: vergüenza ajena.

r3Vergüenza ante incalificables declaraciones de quienes niegan el pan y la sal a cuantos no pertenecen a su cuerda, y que ni siquiera son capaces de mostrar un mínimo de sensibilidad ante el dolor ajeno, si es el adversario quien lo sufre. Actitudes, como las de los Sres. Iglesias, Garzón o Monedero y las de servidores a quienes estos llevan del ronzal, que nos conducen a la náusea y arrancan de nosotros la más absoluta repulsa. Nadie les ha pedido un homenaje; simplemente, un mínimo de humanidad. Pero en esta como en muchas otras ocasiones, demasiadas ya, parecen quererse instalar en nuestra quebrantada sociedad el despropósito, la grosería y la más deleznable zafiedad.

Y vergüenza ajena ante quienes fueron capaces de negar a la amiga y compañera y darle lar2 espalda; de salir huyendo hacia la orilla y dejarla a merced de las olas cuando sombras de tormenta asomaban en el horizonte. Ahora parecen lamentarlo, y quiero creer que su tristeza obedezca a un honroso sentimiento de culpa, y no al temor de que el oleaje producido por los recientes acontecimientos luctuosos pueda de nuevo salpicarles.

Hace algunas décadas, cuando la ignorancia de las gentes era mayor y los conocimientos sobre medicina más exiguos, se hablaba de ‘cólico miserere’, ante un episodio de irremediable peritonitis; de un ‘ataque al corazón’, para referirse a lo que hoy conocemos como ‘infarto de miocardio’. Y de ‘morirse de pena’, cuando una crisis depresiva ganaba la batalla al corazón.

r4Doña Rita Barberá se ha muerto de pena. Ciertamente se trataba de una persona de edad, y seguramente no gozaba de una salud de hierro. Su corazón no tenía el vigor y resistencia que da la juventud. De otro modo, es muy posible que hubiera resistido. Pero a nadie se le escapa que han sido muchos los golpes recibidos, de mano de quienes no han perdido ocasión de zaherir su integridad psíquica y moral siempre que han creído encontrar el mínimo resquicio para hacerlo. Pero todo hubiera resultado más soportable si quienes por afinidad política estaban en su campo, quienes habían acompañado con euforia sus éxitos y habían saltado al unísono con ella en el balcón del ayuntamiento, movidos por el entusiasmo popular y los honores que entonces recibía, ahora la hubieran arropado.

Es lugar común que la llamada ‘izquierda’ política siempre se ha arrogado, seguramente R7.jpgsin causa suficiente, cierta superioridad moral. Cuestión, sin duda, discutible. Pero en lo que manifiestan clara superioridad y nadie puede negar a quienes militan en ella, es la de hacer causa común con quien, siendo de los suyos, se encuentra en entredicho. Algo tendrían que aprender en este sentido determinados grupos políticos. La calle es de todos; todos tienen igual derecho a alzar la voz y hacerse oír, cuando la razón asiste y la integridad personal o de grupo se siente amenazada. Restringir la denuncia a debates políticamente correctos, en medios y círculos afines, no es -está sobradamente demostrado- bagaje suficiente.

No es de recibo la doble vara de medir que se ha instalado en nuestra sociedad. No es de justicia que se sacrifique a determinadas personas y se las utilice como chivo expiatorio para tranquilizar la opinión pública y mostrar aparente rectitud en la aplicación de la justicia, mientras delincuentes de guante blanco permanecen tranquilos en casa, respaldados por cuentas millonarias y al abrigo de cualquier juicio mediático. Ojalá la r5sacudida emocional que ha significado la muerte de doña Rita sirva para concienciar a una sociedad, que se dice protegida por un estado de derecho, sobre la necesidad de mantener la presunción de inocencia; y a los representantes de la ‘nueva política’ a no ejercer de redentores y a bajar el listón de la exigencia. No se puede, al menos no se debe, descalificar y degradar a nadie por el mero hecho de ser objeto de denuncia, ni -si me apuran- por la sola imputación. Son demasiadas las personas que han visto mermado o destruido su honor, su dignidad y su posición social por denuncias o querellas falladas a favor o sobreseídas. Tengamos, se nos debe a todos, un mínimo de sensatez. Yo pido para mí y para los míos, para mi país, una sociedad equilibrada: ni laxitud y permisividad tales que conduzcan a la injusticia y el desorden, ni una actitud inquisitorial que condene al individuo antes de juzgarlo. Más, si esta condena no tiene otro objetivo que mostrar ante posibles electores un rostro aparentemente inmaculado o la imagen de salvador justiciero que obtenga dividendos en las urnas.

Entre todos la mataron y ella sola se murió. Sola, sí, en la más absoluta soledad, aunque se viera permanentemente envuelta por cámaras, acosada por paparachis o supuestos vindicadores, o  en circunstancias ocasionales, de viejas espaldas conocidas. No es precisamente la espalda quien puede ser capaz de mostrar el gesto amigo que dice proteger y acompañar.

………………………………………..

¡Hosanna! y ¡Crucifige! son gritos que se escuchan,

Incomprensiblemente, de las mismas gargantas,

para encumbrar a aquellos a quienes concedimos el máximo respeto

y luego colocamos al pie de los caballos.

Nadie es jamás tan bueno que pueda merecerse la máxima indulgencia,

ni tan abominable que haya de ser lanzado, sin redención posible, a las tinieblas.

 

Siempre habrá quien ejerza de chivo expiatorio

y cargue en sus espaldas la culpa que a todos avergüenza.

Se verá acorralado, y llevado en volandas al pie del tabernáculo,

para servir de víctima e inclinar a los dioses a que sean propicios.

Serán sus pensamientos su sola compañía,

y solo ante sí mismo actuará su inocencia de firme valedor.

No eran losas de piedra sino arenas y barro

el suelo que pisaba y al fin le salpicó.

 

Aquellos que otro tiempo estuvieron sentados a su mesa,

que felices vivieron gozando su favor,

y que votos hicieron y luchar prometieron por una misma causa,

hoy ocultan sus rostros, se apartan y se agachan,

y niegan al amigo que en el ara se afana

por evitar las burlas, la angustia y el dolor.

 

¡Hosanna!, ¡Crucifige!, son voces que acompañan

al que ofició de amigo y luego fue ignorado,

que otorgan los honores y luego los empañan

según sean los vientos favorables, se aproxime el tornado

o la calma prometa prosperidad y honor.

 

Hoy la víctima se alza, al pie del sacrificio.

No reclama clemencia ni se humilla para implorar perdón.

Solo pide justicia de quienes la proclaman,jesus%20cordero%20de%20dios1

se erigen en profetas y limpios redentores

y esconden y protegen, a cambio de favores,

a pérfidos, malvados, felones y ladrones

que por sus malas artes, mentiras y traiciones

se hicieron acreedores al desprecio,

la ausencia de piedad y el deshonor.

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